)

Desde que se convocaron elecciones y todos los partidos decidieron participar en ellas, se puso en marcha otro proceso, bastante más democrático, que, con más o menos altibajos y turbulencias, va a devolver las aguas a su cauce. Algunos no querrán atravesarlos y otros intentarán dinamitarlos, pero los puentes van a seguir abiertos.

Para la historia quedará el protagonismo de la mentira como fundamento y principal arma política del lamentable “procés”: La mentira esencial para muchos, la del propio proyecto independentista abrazado con tanta ilusión como ceguera; la mentira histórica, no tanto por lo discutible de la versión que sustenta esa pretensión como por el mismo hecho de apoyarse en hechos sucedidos hace nada menos que 300 años; las mentiras de mantras repetidos  sin mayor reflexión, que convierten en dogma de fe, por ejemplo, lo insufrible de agravios como la sentencia que declaraba inconstitucional el estatuto del 2006, como si lo votado por un parlamento autonómico no pudiese ser por ello realmente inconstitucional, como si  la pretendida influencia del poder ejecutivo sobre el judicial fuese la razón para no aceptar un estatuto que empezaba afirmando que Cataluña era una nación, como si fuese intolerable y fascista cualquier oposición política a la nueva vuelta de tuerca en el proyecto secesionista, como si un asunto que en aquel momento ocupaba el décimo lugar en la lista de preocupaciones de los ciudadanos catalanes fuese la verdadera motivación de sus actuales deseos de independencia, cuando la vivencia de muchos fue que el “procés” se puso en marcha para reconducir la tremenda ansiedad generada por la crisis económica y para que pudieran seguir usando y abusando del poder los mismos que, en gran medida, ya se venían manteniendo en él gracias al victimismo nacionalista. Mentiras y mantras tan falsos como lo terrorífico de la acción policial del 1 de Octubre, saldada, ante más de dos millones de personas que les impedían cumplir la ley, con 5 lesiones consideradas graves según el propio y sin duda nada tacaño informe de la Generalitat, acción no mucho más dañina que la ejercida por los mossos pocos años antes para desalojar a unos centenares de manifestantes. Y mentiras día sí, día también, calumnias que apuntan y ahondan con maldad en los peores estereotipos que se aplican a España, mentiras que no debieran aceptarse ni en las campañas electorales pero que alcanzan grados de surrealismo y obscenidad absolutamente inusitados e impresentables, como cuando se culpa a esa represión policial de la fuga de empresas y, ayer mismo, de la perdida de la Agencia europea del medicamento o, antesdeayer, acusando al gobierno central de haber amenazado con muertos en la calle, algo que podría llevar a recordar la condición del ladrón y a pensar si alguien no habrá lamentado carecer de algún mártir que llevarse a la causa, carecer de una buena y trágica foto para mostrar a Europa y al mundo que España sigue siendo la de la leyenda negra.

Y así no vamos a ningún lado. La tensión va a seguir rebajándose y el problema es ya fundamentalmente de y entre los catalanes. Y de ellos ha de salir la solución. Pero si nadie debiera pedir mucho a las masas, es inaceptable que gente buena y absolutamente sensata en cualquier otro terreno no someta a la autocrítica sus planteamientos independentistas, que no los bombardee a diario con todos los argumentos contrarios posibles, porque esa es precisamente la forma de fortalecerlos si lo merecen, y no alimentándolos y negando las debilidades que otros se encargarán de explotar, como de hecho ha sucedido.  Es de esa forma como ha progresado  la ciencia y también el arte, como, pese a todo, ha progresado la humanidad: Aceptando que la hipótesis más bella y el deseo más querido pueda venirse abajo y frustrarse por un solo dato discordante. No es que mentir esté mal, es que no lleva a ninguna parte que valga la pena.

Y se acabó. Cierro ya este paréntesis, que en el balance personal me ha dejado con menos amigos independentistas de los pocos que tenía, y no porque ellos hayan dejado de ser independentistas ni yo de sentirme amigo suyo. Què hi farem.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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7 respuestas a )

  1. lluisemili dijo:

    Si esta es toda la autocrítica ya está todo dicho. Dichosos los que poseeis toda la verdad. Los mentirosos compulsivos vamos a olvidar lo que hemos visto, oido y vivido por si no coincide con la VERDAD. Què hi farem. Adeu.

    • José Luis dijo:

      Haré autocrítica el día que sea yo el que haya querido romper la baraja. Y dichosos los que no temen las verdades que son capaces de descubrir. En todo caso, tu respuesta es más gallega que catalana y la ironía, una vez más, no quita ni da razón alguna. Ni creo que nada de lo que he señalado y que también habrás visto, oído y vivido cuestione todo lo que tú hayas podido ver, oír y vivir. De modo que no acepto este adiós.

  2. Josep Olivé dijo:

    Desear que el cierre de paréntesis no signifique el cierre de este blog va a merecer un pulgar hacia abajo. Fijo. Pues bien, vale. Pulgar abajo, ya! Qué le vamos a hacer! Pero lo siento, yo deseo que este cierre de paréntesis no signifique el cierre de un blog que me ha hecho pasar tantísimos buenos momentos.

  3. maria teresa dijo:

    Jajaja!! Si, hombre, con jeroglíficos o con lo que quieras. Adelante! 🙂

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