El canto de las sirenas (XLIV) – Mozart en la cercanía de su muerte

La presencia esquiva, pero anhelada y sensorial, de la Hermana Muerte fecunda toda la obra del compositor, pero sobre todo las obras finales. Se desliza de manera asombrosa en algunas tonalidades elegidas, sobre todo en el modo menor, sol menor, do menor, re menor; (…) se refuerza en los mejores conciertos últimos para piano, especialmente en el que despide la serie con una sobriedad casi franciscana: con una concisión escueta de medios expresivos que siempre ha llamado la atención; y en el que, en el rondo, se retoma la canción, puesta en música por el propio Mozart, “Anhelo de la primavera”.

Finalmente esa vecindad de la Hermana Muerte adquiere presencia sensible y sensual en la Misa de Réquiem. O en los más dramáticos pasajes de La flauta mágica, como cuando Pamina quiere quitarse la vida.

O hasta en registro cómico en el intento, también fallido in extremis, de Papageno, con la horca ya dispuesta para la solución final:

dos rozaduras suicidas con la muerte en un único y grandioso ritual masónico.

La vecindad de la muerte todo lo transforma y acrisola. Y de esa retorta nace la más depurada belleza. Quizá la cercanía de la muerte, en los grandes artistas, produce siempre el mismo efecto. La obra alcanza a la vez su perfección, su clímax, su non plus ultra. La obra queda, desde entonces, marcada y determinada. Requiere una tonalidad especial dentro de la paleta del compositor: el sol menor en el caso de Mozart. O en un modo menos fatalista, más épico y combativo, el do menor, la tonalidad del Concierto para piano y orquesta n.° 24,

o de la Gran Misa.

La muerte ejerce entonces de comadrona. Se adivina y presiente esa vecindad en las más grandes óperas, sobre todo en Don Giovanni. Tanto más imponente en razón del genial recurso de un doble en voz también de bajo que comenta del modo más hilarante lo que acontece a su disoluto señor, especialmente en la genial escena final, con el Comendador convertido en estatua de mármol avanzando de forma siniestra, y pronunciando su dictamen condenatorio.

E invade y contamina por caminos indirectos y sinuosos todas las composiciones de Mozart que corresponden a sus últimos años: su Concierto para clarinete y orquesta,

su Misa de Réquiem.

Como si al componer todas estas obras pudiera presentir la cercanía de su muerte, lo cual, salvo en el caso de estas dos últimas, no es más que una conjetura.

____________________________________________________________________________________________
Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.
Anuncios

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Clasicismo, El canto de las sirenas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El canto de las sirenas (XLIV) – Mozart en la cercanía de su muerte

  1. Josep Olivé dijo:

    Maravilloso post. Por su música, por sus intérpretes, por su texto, por su trascendencia y por su protagonista.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s