La arena del tiempo

Recuerdas ahora una hermosa historia. La protagonizaban el productor de cine Dino de Laurentiis y el director francés Robert Bresson. Dino de Laurentiis preparaba su gran superproducción de La Biblia y, entre otros directores, había elegido a Bresson para que dirigiera el episodio de Noé. Fue a verle momentos antes de que iniciara el rodaje. Allí estaban en sus jaulas innumerables parejas de animales, y de Laurentiis no pudo menos de comentarle a Bresson lo contento que debía de estar con una producción como la suya, que no reparaba en gastos a la hora de permitirle el rodaje de las escenas más espectaculares. Bresson le contestó que se lo agradecía mucho, pero que lo único que se iba a ver de aquellos animales eran sus huellas sobre la arena. Esa misma tarde recibió una llamada diciéndole que estaba despedido. Dino de Laurentiis operaba sin duda con la lógica de una gran producción, que es la lógica de los políticos cuando programan actividades culturales. Enseguida proyectan magnos congresos, grandes ciudades de la cultura, auditorios magníficos. No saben que la poesía no está en ese mundo enfático de las grandes declaraciones y los grandes gestos, sino en las huellas casi imperceptibles sobre la arena del tiempo de los cuerpos que amamos.
Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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