El Tristán e Isolda de Schoenberg

No deja de tener guasa (ni de ser lógico) que las obras de más éxito del inventor del dodecafonismo sean las de su etapa previa de postromanticismo wagneriano, los Gurrelieder, su Pelleas y Melisande, y sobre todo la Noche transfigurada, que además de su maravilloso final walkiriano, en el que el fuego que encarceló a Brunhilda es la luz de la luna envolviendo a la pareja enamorada, resulta ser en su totalidad un Tristán e Isolda sinfónico nada indigno del original, a pesar del sentido peyorativo con que fue relacionada con la ópera de Wagner por uno de los jurados de un concurso al que Schoenberg presentó su sexteto: “Es como si alguien hubiese tomado la partitura de Tristán e Isolda cuando todavía estaba húmeda y la hubiese emborronado”. En cualquier caso, es una pena que el apellido de su autor eche para atrás a nadie que aprecie el Liebestod, porque pocas cosas se habrán compuesto de semejante calidad e intensidad emocional.

Aquí puede encontrarse la traducción de unos comentarios de Simon Rattle sobre la pieza y un par de videos con las dos versiones, la inicial para sexteto y la sinfónica, pero si hay obras que exigen y merecen ser escuchadas en directo o reproducidas en buenas condiciones, ésta es una de ellas. Karajan con la Filarmónica de Berlín o  Barenboim con la Sinfónica de Chicago son recomendaciones seguras y dedicar media hora exclusiva y excluyente a esta impresionante composición, puede ser una gran experiencia. Y en su caso, un valioso descubrimiento.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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3 respuestas a El Tristán e Isolda de Schoenberg

  1. Josep Olivé dijo:

    Una maravillosa obra. Te deja como en suspensión, flotando entre sus cuerdas, y desearías que no se acabara. Y si tiene destellos del Tristan wagneriano Schoenberg los procesó de una manera magistral. Y es que los alumbramientos tienen mucho de alumbramientos anteriores. El mismísimo Strauss, quedó tan alumbrado de esa “Noche Tranfugurada” que seguro seguro le provocó destellos en su Cavallero de la Rosa.

    PD: No sé ahora donde leí que el titulo no es una traducción correcta. No puedo ahora investigar pero lo haré cuando pueda.

    • José Luis dijo:

      Pues sí, tambien las campanillas del caballero tienen algo de esto. Y también coincido en ese sentimiento de no querer que acabe, algo que no es tan frecuente en el romanticismo, en el que es el compositor el que no se decide a acabar nunca. Debe ser que cuando pillas (o te pilla) esta música en suspensión, te vas de viaje. Un trippy sin ácidos, para qué.

      Nacht es noche, hasta ahí llegamos. Y verklaren transfigurar, ahí llega wordreference. No sé que implica la terminacion “arte” pero dado el argumento de la poesía, lo suyo sería Noche de transfiguración. Lo de “tranfugurada” sugiere que estabas pensado en huir… 😀

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