Aroma

No soy un hombre político, decía el granjero del Ebro. Asía las riendas de su carro con la mano izquierda y con la derecha sostenía un cordero en el asiento de al lado. En el regazo de la mujer había un niño robusto y bien alimentado de 3 o 4 años. Es evidente que, hasta hace sólo unos días, estas personas no eran pobres. Todavía son visibles vestigios de prosperidad en algunos refugiados, pero incluso estos desaparecerán pronto.
Frank Capa

No era un niño de un año bien alimentado como creyó Frank Capa, sino una niña de cuatro, muy robusta y muy bien alimentada. Se llamaba Aroma, un nombre típico de aquella época de laicismo militante. Huía con su abuela y un tío hacia Francia, y no dejaba de mirar a ese hombre que les apuntaba tapándose los ojos con algo entre las manos y añadía así una nueva inquietud a esos días tan extraños. Pasaban por El Vendrell, el pueblo natal de Pau Casals, que pocos días después se exiliaría también en Francia y empezaría a iniciar sus conciertos interpretando El cant dels ocells.

Cuando Aroma volvió la obligaron a bautizarse como Dolores, pero el nombre que valía para el racionamiento seguía siendo el suyo, Aroma. Era muy buena persona, explicó también su marido, “nadie en el pueblo podría decir ni así en contra de ella”. Con un nombre así, no cabía esperar otra cosa.

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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