Cantando en la ópera (4) – Himno a Venus y Canto a la estrella vespertina de Tannhauser

En Tannhauser, además del de los peregrinos y el del pastorcito, hay otros tres cánticos impuestos por el guión. El primero es en el primer acto, cuando Tannhauser responde a las demandas de Venus con su explosivo Himno, una música que ya habíamos escuchado en la obertura tras la del himno de los peregrinos y que volveremos a encontrar en la réplica de Tannhauser a Wolfram en el concurso de canto, ese enfrentamiento que, a otro nivel, se repetirá en Los maestros cantores  de Nurenberg; allí tradición frente a renovación, aquí el amor místico frente al amor carnal. Musicalmente, no hace falta decir quién vence, y de hecho, lo que Wolfram canta sólo tiene de canción la lira con que se acompaña, de modo que nos quedamos con la réplica del enfurecido Tannhauser:

Dir, Göttin der Liebe, 
soll mein Lied ertönen!
Gesungen laut sei jetzt 
dein Preis von mir!
Dein süßer Reiz ist Quelle alles Schönen,
und jedes holde Wunder stammt von dir.
Wer dich mit Glut 
in seine Arme geschlossen,
was Liebe ist, kennt er, nun er allein!
Armsel'ge, die ihr Liebe nie genossen,
zieht hin, zieht in den 
Berg der Venus ein!.
¡A ti, Diosa del Amor, 
elevo mi canto!
¡Permíteme cantar tus alabanzas!
¡Tus dulces encantos 
son la fuente de la Belleza;
de ti nace la Maravilla...!
¡Sólo el que ha gozado 
en tus ardientes abrazos
puede saber lo que es el Amor!
¡Pobres desgraciados, 
que nunca habéis saboreado el Amor!
¡Corred al reino de Venus!

Pero Wolfram tiene también la otra, que es la perla de la ópera: El precioso Canto a la estrella vespertina en que afirma su amor por Elisabeth.

O du, mein holder Abendstern,
wohl grüßt ich immer dich so gern:
vom Herzen, das sie nie verriet,
grüße sie, wenn sie vorbei dir zieht,
wenn sie entschwebt dem Tal der Erden,
ein sel'ger Engel dort zu werden!
Oh tú, mo dulce estrella de la noche,
que siempre he adorado:
De parte de mi corazón, que nunca ha traicionado su fe,
saluda a Elisabeth cuando pase junto a ti,  
cuando abandone este valle de mortales
y se convierta en ángel del cielo.

 

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Las apariencias no engañan
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