Las ovejas curiosas

Estáis en un bar y Amiga te cuenta cosas de su infancia. De los vecinos de su casa, de los colegios a los que iba, de cuando llegaba hasta Correos para recoger los paquetes de libros. Lo hace encantada, con los ojos un poco humedecidos por la emoción. Su hermoso pelo se derrama sobre los hombros y en su rostro es visible una dulzura centelleante. Junto a las bebidas os han servido un platito de aceitunas negras, aliñada con cebolla, pimentón y vinagre. Todo el bar ha debido de estar comiendo esas aceitunas porque el suelo está lleno de huesecillos negros. Por su tamaño, por su forma, te parecen de pronto cagarrutas de oveja. Como si mientras Amiga te hablaba, un grupo de delicadas ovejas hubiera pasado con sigilo por allí y, antes de seguir su marcha, se hubieran detenido por unos instantes para escuchar sus relatos maravillosos.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

O hay gente muy cochina o Martin Garzo se toma alguna licencia. Que tampoco sería el único.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Literatura y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s