Casandra

…el historiador norteamericano Max Boot publicó a finales de Agosto en The Washington Post un artículo donde contaba que el pasado verano viajó a Barcelona y se quedó petrificado al comprobar que uno de los lugares más privilegiados del mundo, cuyos habitantes gozan de una libertad y una prosperidad inéditas en su historia, estuviese agitado por protestas nacionalistas y sembrado de carteles donde se exigía la libertad para presos políticos y exiliados, “como si España fuera un Estado policial”. Boot entiende muy bien que lo que ocurre en Cataluña no es un hecho aislado, sino una manifestación particular de un fenómeno universal: el crecimiento del nacionalpopulismo, ese movimiento que, casi siempre enmascarado de democracia radical, constituye hoy el principal peligro para la democracia en Occidente. Es el nacionalismo blanco que proclama Trump, el británico del Brexit, el ruso de Putin, el húngaro de Orbán, el turco de Erdogan, el chino de Xi Jinping y el que provoca el ascenso de la ultraderecha en Europa entera, todos ellos unidos por el rechazo al otro, sea este mexicano, árabe, kurdo o español. Boot atribuye al tedio que produce el bienestar el hecho de que esto ocurra en las sociedades más afortunadas del mundo; no seré yo quien le contradiga, sobre todo después de haber publicado aquí mismo una columna, hace apenas unos meses, donde hablaba del aburrimiento como carburante de la historia. Es evidente, sin embargo, que la crisis de 2008 provocó un terremoto político que, igual que ocurrió con la crisis de 1929, ha desestabilizado nuestras democracias. El terremoto de 1929 provocó el ascenso y la consolidación de los totalitarismos, y al final la II Guerra Mundial; el terremoto de 2008 ha provocado la consolidación y el ascenso del nacionalpopulismo, una versión posmoderna y de momento light de los totalitarismos.

¿Qué provocará al final? Como otros, Boot es pesimista: “Occidente puede estar caminando, sonámbulo, hacia otra catástrofe”, se titula su artículo. Tampoco aquí puedo contradecirle, por desgracia, sobre todo porque, mientras escribo estas líneas, la principal ocupación de nuestros líderes políticos consiste en discutir sobre sus respectivos currículos académicos.

Las Razones de Casandra. Javier Cercas, El País semanal, 21/10/18

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Las apariencias no engañan
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