Gérard Souzay, la emoción de la mélodie

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Gerard Souzay, uno de los mejores intérpretes de mélodie, alternativa francesa al lied alemán caracterizada por la sugerencia clara y concisa frente a las largas y tan a menudo crípticas como demasiado explícitas enfatizaciones germánicas.

Dos preciosas muestras del arte de este barítono (incluida su extraordinaria dicción, fundamental para la mélodie) con un par de preciosas canciones sobre sendos poemas de Paul Verlaine musicados por Gabriel Fauré y Reinaldo Hahn: Il pleure dans mon coeur, que atrajo a docenas de compositores, como Debussy, Delius o Koechlin, y que Fauré tituló Spleen,

Il pleure dans mon cœur
Comme il pleut sur la ville ;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon cœur ?
Ô bruit doux de la pluie,
Par terre et sur les toits!
Pour un cœur qui s’ennuie,
Ô le chant de la pluie !
Il pleure sans raison
Dans mon cœur qui s’écœure.
Quoi! nulle trahison ? …
Ce deuil est sans raison.
C’est bien la pire peine,
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon cœur a tant de peine!
Llora en mi corazón
como llueve en la ciudad;
¿Qué languidez es esta
que penetra mi corazón?
 
¡Oh, ruido dulce de la lluvia,
en el suelo y en los tejados!
Para un corazón hastiado,
¡Oh, el canto de la lluvia!
 
Llora sin razón
en este corazón agobiado.
¡Qué! ¿Ninguna traición?…
Esta tristeza no tiene sentido.
 
¡Es la peor pena
no saber por qué,
sin amor y sin odio,
mi corazón siente tanta pena!

Y L’heure exquise, que provoco no menos interés  entre los músicos (de nuevo Delius, Canteloube y Massenet, entre otros muchos), pero especialmente exquisita en las notas de Reynaldo Hahn, el autor de À Chloris, y especialmente sensible en esta interpretación de Gerard Souzay, quien, considerándose un romántico, afirmó en una ocasión:

“Para mí, la música es transparente y habla por si misma. Cuando canto, yo sólo puedo ofrecer mis emociones”

La lune blanche
luit dans les bois.
De chaque branche
part une voix
sous la ramée.
O bien aimée.
L’étang reflète,
profond miroir,
la silhouette
du saule noir
où le vent pleure.
Rêvons, c’est l’heure.
Un vaste et tendre
apaisement
semble descendre
du firmament
que l’astre irise.
C’est l’heure exquise!
La luna blanca
brilla en el bosque;
De cada rama
parte una voz
bajo el follaje…
Oh, bien amada.
El estanque refleja,
profundo espejo,
la silueta
del sauce negro
donde el viento llora…
Soñemos, es la hora.
Un vasto y tierno
sosiego
parece descender
del firmamento
que el astro irisa…
Es la hora exquisita.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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