La Carmen Suite de Shchedrin

En 1967, el Bolshoi estrenó un ballet coreografiado por el cubano Alberto Alonso, cuñado de Alicia Martínez del Hoyo, la gran Alicia Alonso. La música la firmaba Rodion Shchedrín [Ostras,  Shchedrín], marido de una bailarina aún más legendaria, Maya Plisetskaya, para quien se había elaborado el ballet. Y aunque el título, Carmen Suite, no engañaba, el estreno “fue un escándalo”, en palabras del propio Shchedrín (*)

Cuando, libreto en mano, visitamos a Shostakovich en su dacha pidiéndole que hiciera una  adaptación de Carmen, éste dijo que no porque tenía miedo a Bizet. Maya se lo pidió también a Kachaturian que tampoco quiso. No me quedó más remedio que enfrascarme en el proyecto. En veinte días acabé. La obra, para cuerdas y percusión, es técnicamente muy difícil, pero contábamos con la Orquesta del Bolshoi, que por aquel entonces era un conjunto increíble. El estreno, sin embargo, fue un escándalo. Se me dijo que, poco menos, había destruido la música de Bizet.

Fue Shostakovich quien, después de bromear con su miedo a Bizet, propuso a Shchedrín que hiciera él mismo “algo especial” a partir de la partitura de Carmen. Y ciertamente, mientras las dos suites que Ernest Guiraud había publicado ya tras la muerte del compositor francés siguen fielmente la orquestación de la ópera, la del ruso, para cuerdas y abundantísima percusión, aun manteniendo el espíritu musical de Carmen y la transparencia del sonido de Bizet, traslada la obra a su propio lenguaje.

Quizás sería más correcto, sin embargo, que, antes o al menos después del de Shchedrín, apareciera también siempre el nombre de Bizet. Aunque también es cierto que, lo digan o no las letras [y los juegos con trampa], su música ya lo proclama, de modo que Iradier no tendría motivos para regocijarse pensando en una venganza poética.

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(*) Entrevista de Luis G. Iberni a Shchedrín, publicada en 2004 en El Cultural, a la que también pertenece esta perla del compositor:

Yo siempre digo que Shostakovich pudo escuchar todas sus sinfonías perfectamente estrenadas, mientras que Schubert no llegó a oír ninguna. Yo nunca pertenecí al Partido Comunista, pero los críticos occidentales sólo saben hablar en blanco y negro de Rusia, y la vida no es monocromática. El problema es que en Occidente hay muy pocos especialistas en música rusa y los que escriben se limitan a copiarse unos a otros.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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