Teoría de la serenata: 2. Elección del propósito que se persigue

No es lo mismo una serenata por amor, por sexo, por dinero, por reconocimiento docente o por estabilidad laboral. Aunque la noche sea oscura, usted debe tener muy claros sus propósitos al dar la serenata. Decimos esto porque los temas y letras de las canciones que se escojan deben estar en sintonía con sus propósitos. Sería imbécil que le cantara Son tus perjúmenes, mujer al profesor de matemáticas que cumple treinta años de cátedra o que se escucharan las notas de Tengo una muñeca vestida de tul en la serenata con que se festeja el triunfo del boxeador local.

La siguiente lista ilustra algunas canciones, sujetos y ocasiones incompatibles:

El gallo pelao: a una novicia a punto de profesar.
Cristo vencerá: a Sara Goldstein.
Devórame otra vez: a la esposa del jefe en su cumpleaños.
Dormido en tus pechos: al señor obispo en su septuagésimo aniversario.
El hijo que tuvimos: al director del Centro Cultural.
¿Qué será lo que tiene el negro?: al nuevo jefe del Ku Klux Klan de Alabama.

La serenata es un recurso típicamente romántico, y por ello exige prudencia y delicadeza. Nada de altavoces de veinte megavatios, guitarras eléctricas ni escándalos. Evite llevar a sus amigos si están borrachos, y aunque se trate de una ciudad insegura, es inútil que se haga acompañar de la policía, a menos que el sargento sepa tocar las maracas. [Ni siquiera

Estudie lo que dicen las letras. Si su propósito es económico, no ceda a la tentación de presentarse ante la multimillonaria familia de la amada como un tipo interesado en el dinero. La siguiente estrofa muestra una actitud más discreta:

No me importan tu dinero,
tus collares y pulseras
ni tus productivos campos.
Sólo las acciones de tu empresa petrolera.

Otro ejemplo. Si su intención es honesta, la letra de la canción ha de ser tan pura y casta como la intención. Incluso, por tratarse de un homenaje público a su amada, haga explícito este respetuoso sentimiento:

Eres tierna, dulce, ingenua,
virginal, pura y discreta,
cual una flor inocente.
¡Quiero tocarte una teta!

Es costumbre que, al terminar la serenata de amor, se copie cuidadosamente, con buena letra y en papel de esquela, el repertorio de canciones interpretadas, y se deposite la amorosa lista con toda delicadeza entre las rejas de la ventana de la amada; si está lloviendo, no vacile en meterla en un preservativo.

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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