Migas de Proust (25)

Hay en el violín -cuando no se ve el instrumento y no se puede relacionar lo que se oye con su imagen, cosa que modifica su sonoridad- acentos tan semejantes a algunas voces de contralto que llega a dar la ilusión de que una cantante se ha sumado al concierto. Alzamos la vista sin ver otra cosa que las cajas de los violines, preciosas como estuches chinos, y, sin embargo, por un momento aún, nos engaña la falsa llamada de la sirena; otras veces, se nos figura que en el fondo de la docta caja se oye a un genio cautivo que está luchando allá dentro, embrujado y frenético, como un demonio en una pila de agua bendita; cuando no, se nos representa un ser sobrenatural y puro que cruza por el aire difundiendo su invisible mensaje.

“… relacionar lo que se oye con su imagen […] modifica su sonoridad”  Para probar la tesis cerrando los ojos de cuando en cuando:

También habrá valido para imaginar al “genio cautivo que está luchando allá dentro, embrujado y frenético, como un demonio en una pila de agua bendita”

“Hay en el violín […] acentos tan semejantes a algunas voces de contralto que llega a dar la ilusión de que una cantante se ha sumado al concierto.” El resultado es un duo:

“…un ser sobrenatural y puro que cruza por el aire difundiendo su invisible mensaje.”

Todo sin salir de Bach. Lo cual, aunque sólo sea por razones cronológicas, no significa presentarlo como candidato a Vinteuil.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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