Iradier

Sebastián Iradier, 1809-1865

«Era alegre, improvisador. Llevaba una vida fácil. Era un tanto trovador y tenía la tendencia de las falenas, de correr hacia las luces rutilantes, aún a riesgo de quemarse las alas», escribió Pio Baroja, quién también dijo de él: «Este alavés no pensó que su música pudiera tener importancia. Vivió al día, puso unas letras detestables a sus canciones, se divirtió, mariposeó entre las bellas damas de la corte de Isabel II y de Napoleón III, viajó por América y cuando volvió a España a vivir en Vitoria le debió entrar la melancolía y se murió» Y «para Iradier, la posteridad no contaba. Era un tío despreocupado y voluble. Si hubiera trabajado en su arte con más perseverancia hubiese sido un músico notable.» «Tampoco pensó en coleccionar sus obras. Vivió al día con facilidad y sin la preocupación de la gloria. Para él la gloria eran unos aplausos en un salón, una copa de champán, una sonrisa de bellas damas y nada más.”

Pero aunque no le importase entonces (y menos ahora), la posteridad no ha tratado bien a Sebastián Iradier. Fue el autor de La paloma, una de las canciones más conocidas, cantadas y grabadas del mundo, si no la que más, pero pocos conocen su apellido y en más de un pais se piensa que esa habanera es de su propio acervo. De hecho, fue el creador del género, a partir de una danza cubana, o, cuando menos, su introductor en Europa. Y fue también el autor de la música de uno de los fragmentos de ópera más conocidos y reconocidos, la Habanera de Carmen, que Bizet le copió de El arreglito, cortado y pegado en esa ópera al estilo de las mejores tesis doctorales. Para acabar de arreglarlo, la wikipedia divulga la opinión que de él tenía Barbieri: “Hombre de gran historia y de poca vergüenza, fue autor, plagiario y editor de canciones españolas que cantaba (dicen) con gracia.” De modo que pronto serán solo sus paisanos de Vitoria los que le recuerden: De ello se encarga, por ahora, el ayuntamiento de la capital, cuyo carrillón da cada mediodía la hora con La Paloma, para que los turistas curiosos se enteren.

Barbieri le acusa de plagiario, quizás sospechando que sus canciones vengan del pueblo. Pero, aún prescindiendo del asunto de Carmen, también hay quien le considera el gran plagiado, empezando por Pio Baroja: “Apenas dejó rastro de su nombre. Muchas de sus composiciones se las han apropiado otros músicos y don Teodoro Iradier me aseguraba que en Vichy, a donde iba con él con frecuencia años pasados, oía a las bandas de música y a las orquestas tocar obras de su tío-abuelo atribuyéndolas a otro compositor”. Y otros señalan que a la ópera de Bizet hay que añadir la Sinfonía Española de Lalo y el Intermedio de Las bodas de Luis Alonso de Gerónimo Giménez, que también incorporarían melodías suyas.

En cualquier caso, más triste es la casi total ausencia de grabaciones de su música (una única de Columna Música, con quince canciones interpretadas por el tenor José Ferrero), lo que, entre otras cosas, nos impide deleitarnos con sus, con permiso de Don Pío, preciosas letras: Incluida la de La jaca de terciopelo, quesesto del mes, brillantísimamente descubierto por Maria Teresa, que según el compositor Sabin Salaberri, también fue plagiada por un francés llamado Antoine Charpentier. Cómo son estos gabachos. Y cómo es María Teresa.

(Se canta muy bien. Y en ausencia del siempre impertinente público, uno puede sentirse Paco Ibañez o Concha Piquer, a elegir según registro u otras condiciones o preferencias personales.)

La jaca de terciopelo
Canción andaluza con acompañamiento de piano y guitarra. 
Jaca e terciopelo
Un trabuco y un puñal
Son gachona e mi via
mis bienes y mi caudal.
Pero tengo unas patillas
Qué patillas, puñalá!
Es lo mejor que se ha hecho
Ende Jezucristo acá.
Vente nena que tu majo
Te espera en el olivar
son soniche callandito
que tu mare pue espertar.
No le temas al resguardo
Que tos me conocen ya
Que los perros con mendrugos
No se atreven a ladrar.
Y si alguno nos gruñera
Le doy una bofetá
Que los planto ma e mil leguas
Po encima e la treniá.
Vente nena…
Cuando en ancas de mi potro
Te lleve yo a Gibraltar
Dirán los mozos al verte
Vaya una jembra salá!
Y nosotros en la venta
Entre vino y palmotás
Baylaremos un fandango
Y unas Boleras que ya.
Vente nena…

La jaca de terciopelo

de

Fotograma trabucado de la película de Dreyer “Dies Irae”
Irae Dies
Ira die

 

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Las apariencias no engañan
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