Confesión de un culé catañol

Apostar por el rival era un recurso clásico: Si perdía el equipo de tus amores, la quiniela podía dulcificar la amargura. Hoy, en la derrota ante el eterno rival, además de la calidad del partido, podría encontrar consuelo en que se quedasen sin su ridícula derivación política esos tristes culés que odian a los otros españoles bastante más de lo que aman los colores de su club. Pero lo cierto es que, como no soy un español culé sino un culé catalán y español, está noche no escucharé la radio. Y mañana procuraré huir de esos tristes merengues que odian a los catalanes bastante más de lo que aman el color de su club. A menos que ganemos, claro, porque estamos en la media parte.

P.S. Hemos ganado, 0-3. Felicidad completa. Qué cosas.  Y cuanto me gustaría que Vázquez Montalban pudiera volver a escribir sobre esto y lo otro.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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