Los primeros tiempos

La música nos acompaña permanentemente. Nos rodea. Está presente en todo momento. Cualquier ruido en la calle puede ser música. Cualquier disco que trasmiten por la radio puede ser considerado música, a veces.

El hombre primitivo encontraba música en la naturaleza al escuchar el trinar de los pájaros, el croar de las ranas, el parpar de los patos, el crotorar de las cigüeñas, el himplar de las panteras, el crascitar de los cuervos, el estridular de las langostas, el barritar de los elefantes, el voznar de los cisnes e incluso el arruar de los jabalíes cuando huían de los perros y sus pavorosos ladridos.

A pesar de que estas melodías naturales constituían la única temporada de conciertos disponible en aquellos tiempos, eran recibidos con protestas y desagrado por el hombre primitivo. Por eso lo llamaban «primitivo». Con el tiempo, el hombre primitivo se fue refinando. Y aunque todavía no sabía que se trataba de música, al escuchar el trino de un pájaro en el árbol exclamaba:

—¡Ah, cuán hermoso es el… la… eeehh… no sé cómo llamarlo… uhhh… eso… eso que hace el pájaro en el árbol!

Y después se lo comía. El pájaro. Y el árbol.

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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