Tesoros ocultos: Canto de las parcas de Brahms


Si exceptuamos el Requiem y la Rapsodia para alto, se programa muy poca de la abundante música coral que Brahms no dejó de componer desde que a los 24 años fue contratado en la corte de Detmold. Entre la sinfónica, además de las famosas citadas, se halla la tremenda aunque finalmente esperanzada Schicksalslied (“Canción del Destino”) y otra en su misma línea pero definitivamente fatal, Gesang der Parzen (“Canto de las Parcas”), última de sus grandes obras para coro y orquesta, una tan breve como poderosa pieza que pone música al monólogo de las sacerdotisas de la Ifigenia en Táuride de Goethe, siete estrofas que condenan a la humanidad a un fatal destino y que Brahms orquestó de modo sombrío, con un coro en seis voces inusualmente homofónicas, muy apropiadas para el desolador carácter de la obra, una joya para amantes de la música coral y brahmsianos.

[7]
Así cantaron las Parcas;
el desterrado escucha
en su oscura guarida
las canciones de los ancianos,
piensa en sus hijos y nietos
y agacha la cabeza.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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