…demasiado pequeña para que desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos.

Tras descubrir, gracias a una corresponsal en plantilla, la carta que Josep Tarradellas remitió al director de La Vanguardia en Abril de 1981, un año después de que Jordi Pujol alcanzase la presidencia de la Generalitat, me pregunto si era mayor la lucidez de aquel gran hombre o la ceguera o irresponsabilidad de los que hicieron caso omiso de sus advertencias. Y tan sorprendente resulta el texto, que cualquier ignorante mínimamente prudente acude en estos tiempos a las hemerotecas, lo que, además de confirmar su veracidad, le regala además en la misma página un titular con una réplica muy interesante: “Pujol brindó por España en el día de su toma de posesión”. Pero lo que no hizo (ni debía entonces hacer) “La Vanguardia” y hoy resulta imprescindible, es extractar en un aparte los dos emocionantes últimos párrafos de la carta de Tarradellas y resaltar en negrilla la última frase, la que titula esto.

La carta del expresidente de la Generalitat, don Josep Tarradellas, cuyo texto publicó algún periódico, había sido dirigida a nuestro director, don Horacio Sáenz Guerrero. Por considerar que se trataba de una carta privada, creímos más correcto no dar publicidad a la misma, decisión que, en cualquier caso, corresponde a quien la recibe. Por otra parte, dada la delicada situación política que atraviesa el país, nos pareció más ético y oportuno no difundir el contenido del escrito dirigido a nuestro director, Y lo hicimos convencidos de que así debía pensar el ex presidente cuando eligió el sistema de la carta privada para expresar su opinión, en lugar de hacerlo abiertamente a los medios de comunicación, aprovechando la libertad que hoy se goza en España. Sin embargo, ya que el tema está en la calle, «La Vanguardia» no puede hurtar esta información a sus lectores y aquello que debería haber sido siempre privado, ya es público. Este es el contenido de la carta del señor Tarradellas:

Don Horacio Sáenz Guerrero

Mi querido amigo:

Al día siguiente de nuestra conversación del 25 de marzo quería escribirle, porque al despedirnos tuve la impresión de que tal vez las opiniones que me había tomado la libertad de expresarle no habían quedado demasiado claras. Por otra parte y dado el tema que tratamos, me parecía que en mis palabras había puesto una vehemencia innecesaria, y entre una cosa y otra podía dar lugar a confusiones.

Si no le escribí enseguida fue porque creí que no me podía permitir hablarle nuevamente de los problemas del país toda vez que existía el peligro de qué pudiera interpretar mi insistencia como si mi estado de espíritu fuese la consecuencia de una posición política o personal. En fin, pensándolo una y otra vez, he llegado a la conclusión siguiente. Siendo como es usted castellano viejo y al mismo tiempo un ciutadá de Catalunya comprendería el porqué de mi decisión y también me disculparía. Y por esta razón le escribo hoy.

Para empezar, sepa que al día siguiente de haber tomado posesión el nuevo presidente de la Generalitat, es decir, el 9 de mayo del año pasado, manifesté que se había roto una etapa que había comenzado con esplendor, confianza e ilusión el 24 de octubre de 1977, y que tenía el presentimiento de que iba a iniciarse otra que nos conduciría a la ruptura de los vínculos de comprensión, buen entendimiento y acuerdos constantes que durante mi mandato habían existido entre Cataluña y el Gobierno. Todo nos llevaría a una situación que nos haría recordar otros tiempos muy tristes y desgraciados para nuestro país. En primer lugar, porque todo me hacía prever que las inmejorables y afectuosas relaciones que existían con las autoridades civiles y militares del Estado en Cataluña, que tanto y tanto me costó conseguir, de ahora en adelante se irían deteriorando y acabarían por ser tirantes, y comportarían situaciones muy difíciles para la aplicación del Estatuto.

Después, y teniendo presentes las campañas políticas y excesivamente partidistas que había llevado a cabo el Partido que iba a gobernar, constituyendo un Consejo Ejecutivo monocolor y representado por su secretario general desde la presidencia de la Generalitat, era inevitable la ruptura de la unidad de nuestro pueblo. Esta unidad se produjo desde el primer día que llegué y se mantuvo hasta el último momento de mi mandato.

La actitud que adoptan actualmente todos aquellos que conviven con nosotros y que han venido de otros pueblos de España y sus Casas Regionales en Cataluña, frente a la Generalitat y a los que la representan es lo bastante conocida para que sea innecesario cualquier comentario. El hecho es que desgraciadamente, se ha pasado de una situación llena de mutua confianza, de fraternidad y sin resentimientos ni complejos a la de ahora, que algunas veces es de franco desinterés por Cataluña y otras de oposición, cuando antes ocurría todo lo contrario.

¿Por qué estos presentimientos míos? Pues simplemente por muchas razones, que debido a las circunstancias que vivimos, creo que ahora no es el momento más oportuno dar a conocer. Pero hay una que hoy es preciso recordar. Ya sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno para dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa por mi parte no fue aceptada.

Por esta razón me encontraba en una situación más que delicada, peligrosa y por tanto, tenía el deber de evitarla. Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes. Si lo hacía yo solo dada la situación en que me hallaba, representaría el plantear públicamente una división que acarrearía discusiones de resultados más que lamentables. Entonces, y ante esta situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. Hoy, al pensar en ello con calma, creo que no podía hacer otra cosa si quería evitar un escándalo de consecuencias imprevisibles.

Estoy seguro de que el presidente Pujol consideraba normal esta actitud, porque afirmaba una vez más su conducta nacionalista, que era y todavía es hoy la de utilizar todos los medios a su alcance para manifestar públicamente su posición encaminada a hacer posible la victoria de su ideología frente a España. Por otra parte, los lazos de cordial entendimiento político que lo unen al PNV y el hecho de que el presidente Garaicoechea también comparta su pensamiento y actitud en esta cuestión, debía entender que representarían una nueva y más fuerte consolidación de convivencias y unidad política con Euskadi, que les permitiría por tanto, ser más exigentes con el Gobierno del Estado.

Al día siguiente, voces autorizadas del Gobierno me preguntaban en forma amistosa qué era lo que había ocurrido y el porqué, como si yo fuera el culpable. Quizá lo recordará porque diferentes periódicos, principalmente de Madrid lo señalaban, haciendo comentarios de extrañeza por mi actitud. Ya comprenderá que en aquellos momentos no podía publicar una nota explicando lo que había sucedido.

Preferí callar, aunque ello me acarreó disgustos, pero de ninguna manera podía defenderme, ya que esto podría representar que la actitud del presidente Pujol se hiciera pública y en consecuencia, que se iniciara en todas partes, y principalmente en todos los demás pueblos de España, una campaña de la cual Cataluña podía salir muy perjudicada. Respecto a mi actitud de entonces, en el viaje que realicé el mes de enero pasado a Madrid, todavía algunas personalidades del Estado me preguntaron qué era lo que había sucedido y el porqué de mi silencio.

Discúlpeme por todo lo qué acabo de manifestarle, pero no puedo evitarlo, si se quiere conocer el porqué de la situación en que nos hallamos y, cómo y de qué manera ésta empezó.

En conjunto, puede creerlo, todo me produce tristeza y una honda inquietud de cara al futuro. Aunque no me extraña demasiado lo que ahora está ocurriendo, era previsible, porque durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que me hace recordar otras actitudes deplorables del pasado.

Siempre recordaré que el 5 de octubre del año 1934, a las 5 de la tarde, acompañado del diputado señor Juan Casanelles, fui a la Generalitat a visitar al presidente Companys para manifestarle nuestra disconformidad con la política que una vez más se realizaba, rogándole que evitara lo que todo indicaba que iba a suceder aquella misma noche, es decir: la ruptura por la violencia de las relaciones con el Gobierno. No se nos escuchó, la demagogia y la exaltación de un nacionalismo exacerbado pesó más que la opinión de aquellos que preveíamos, como así ocurrió, un fracaso rotundo.

Es preciso leer lo que sucedió en el admirable suplemento que publicó La Vanguardia. En su fascículo 7 del mes pasado nos lo dice claramente. Todo lo que en él se reproduce es la expresión de los autores de aquella época, de una lucidez extraordinaria. La demagogia había hecho su obra y el desastre se produjo.

Sé muy bien que ahora no se proclamará el Estado Catalán ni la República Federal española, ni los partidos lanzarán sus militantes a la calle, ni los responsables de todo cuanto sucede morirán por Cataluña, nada de eso. Lo que se hará y ya ha empezado estas últimas semanas, es querer hacer olvidan las actitudes irresponsables de los mismos que ya han hecho fracasar nuestra autonomía, consiguiendo la desunión de Cataluña y el enfrentamiento con España; y por esto, la actitud de los autores de esta situación es imperdonable.

Entonces, al igual que ahora, mi disconformidad con lo que pasó fue también total. Es evidente que la actitud, a mi entender equivocada, del presidente Companys estaba empañada por unas ideas que compartían muchos catalanes, cosa que ahora no es así, y era llevada a cabo con honradez y sin deseos inconfesables. Es desolador que hoy la megalomanía y la ambición personal de algunos, nos hayan conducido al estado lamentable en que nos encontramos y que nuestro pueblo haya perdido, de momento, la ilusión y la confianza en su futuro.

¿Cómo es posible que Cataluña haya caído nuevamente para hundirse poco a poco en una situación dolorosa, como la que está empezando a producirse?

Ante todo esto, es evidente que se trata de ocultar el fracaso de toda una acción de Gobierno y de la falta de autoridad moral de sus responsables. Si se ha llegado a esta situación es debido, a mi entender, simplemente a un pensamiento y actitud que empezó el mismo día que tomó posesión del cargo el actual President de la Generalitat, y como era natural, los resultados habían de ser los que ahora sufrimos.

Para salir de esta situación y para ocultar lo que desgraciadamente ha conducido a la falta de confianza hacia nuestras instituciones, vemos que sus responsables están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima; así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, que nos boicotea, que nos recorta el Estatuto, que nos desprecia, que se deja llevar por antipatías hacia nosotros, que les sabe mal y se arrepienten de haber reconocido nuestros derechos e incluso, hace unos días llegaron a afirmar que toda la campaña anticatalanista que se realiza va encaminada a expulsarlos de la vida política. Es decir, según ellos, se hace una política contra Cataluña, olvidando que fueron ellos los que para ocultar su incapacidad política y la falta de ambición por hacer las cosas bien, hace ya diez meses que empezaron una acción que solamente nos podía llevar a la situación en que ahora nos hallamos.

Por ejemplo, es necesario tener el coraje de decirlo, los problemas de la lengua y de la escuela, es la actual Generalítat quien en gran parte los ha provocado, por falta de sentido de responsabilidad y por una alocada política ante el Gobierno que podía pensarse que no sería aceptada, o sólo por su planteamiento inaceptable, sino porque ni ayer ni hoy, ni nunca, gobierne quien gobierne, el Estado no aceptará nuestros derechos como nosotros quisiéramos, si nuestro pueblo no los reclama unánimemente.

No conseguiremos nuestros propósitos con orgullo ni con frivolidad. A mi entender, muchas de las manifestaciones que se han hecho y disposiciones que se han tomado se habían de pactar antes de tomarlas o meditarías mejor, pero no actuar como se ha hecho ahora, con suficiencia y pensando que solamente nosotros teníamos razón. Asimismo, era preciso evitar cualquier comentario ofensivo contra aquellos a quienes obligaban determinadas disposiciones, teniendo en cuenta lo que podían representar.

Si lo hubiéramos hecho así, nada o casi nada de lo que ha pasado habría sucedido, ya que la cuestión de la lengua se ha convertido en un problema político y partidista, acompañado de posiciones que estamos pagando muy duramente.

Permítame que le recuerde que los acuerdos Suárez-Tarradellas del 15 de abril de 1978 ya preveían lo que después se realizó referente a la enseñanza y es por esto que: el 22 de mayo del mismo año un Decreto de la Generalitat creaba el Servicio de Enseñanza del Catalán y el 23 de junio, un Decreto del Gobierno Suárez regulaba la incorporación de la lengua catalana al sistema de enseñanza. Esto, junto con otras cuestiones importantes permitió que al final del año 1979, cerca de un millón de escolares aprendiesen el catalán sin que nadie planteara ningún problema para evitarlo, es decir, catalanes y no catalanes lo habían encontrado normal y lo aceptaron con satisfacción. Una vez más había triunfado nuestra política de pacto, desprovista de todo partidismo político.

Otro ejemplo, entre tantos y tantos como hay, es el problema de las Diputaciones: como lo ha planteado la Generalitat, ésta no tiene razón. Fue en el año 1977 cuando dije que la autonomía no sería válida si no desaparecía los Gobiernos Civiles y las Diputaciones, como se hizo en 1932 y nada grave sucedió. En la actualidad, pienso exactamente igual.

También expresé lo mismo cuando formamos nuestro primer gobierno, supongo que lo recordará. Propuse que los cuatro presidentes de las Diputaciones formaran parte del mismo, pero sin tener departamentos efectivos. Esto era con el fin de dar más facilidades de traspaso de cara al futuro. No lo conseguí, porque todos los partidos se opusieron y principalmente el que hoy gobierna. Grave error. Hoy nos encontramos con que el Gobierno de la Generalitat y el Parlamento quieren hacer desaparecer las Diputaciones integrarlas a la Generalitat, haciéndolo de tal forma que es inconstitucional. Y, ¿por qué lo hacen? Creo que para desencadenar la campaña que se está llevando a cabo y para convertirse en las víctimas de una situación que ellos mismos han creado para beneficiarse en las próximas elecciones.

Presiento su primera reacción: pensará que nosotros también tenemos razón, es evidente, pero no toda. Si reflexionamos fríamente, estoy seguro de que se dará cuenta de cómo se ha perjudicado y se está perjudicando a Cataluña. La división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada día más graves.

Por otro lado, las declaraciones de la semana pasada del president Pujol, en las cuales decía todo lo contrario de lo que ha hecho y dicho durante estos últimos diez meses, y que nos ha llevado a la situación en que nos encontramos, constituye un doble juego ya muy gastado en la política catalana para que sea merecedor de credibilidad. Quisiera que su nueva posición política triunfara, pero como sea que hasta el momento presente no tiene la autoridad moral necesaria para conseguirlo, no creo que esta vez pueda obtener la confianza ni de nuestro pueblo ni del Gobierno.

Naturalmente, la política que se ha hecho no justifica de ninguna de las maneras el pacto del Gobierno con el PSOE ni la creación de la Comisión de Expertos que han de reconducir las autonomías. Aunque esto era de prever después de la política que ha hecho la Generalitat, las protestas de ahora, desgraciadamente, me parece que poco pesarán en las discusiones que se llevarán a cabo; pero si nosotros no actuamos con espíritu de megalomanía y solamente defendemos nuestros derechos, no será posible evitar lo peor.

Si terminara aquí esta carta, le podría parecer, y con razón, que mi pensamiento sólo es crítico y esté dolido ante la situación política que, a mi entender, es muy grave. No es así y le diré lo siguiente: a raíz de mi visita a S. M. el Rey el 26 de enero, que será para mí inolvidable, el día 7 de febrero me decidía a escribirle para clarificar algunos aspectos de la conversación que habíamos mantenido. El día 16 del mismo mes me contestaba con una carta de un contenido muy inteligente, que me hizo meditar. Ante una situación que cada día era más preocupante, el 12 de marzo le volví a escribir, acompañándole una nota de 27 páginas en la que le hacía conocer de una manera sintetizada cuál era mi pensamiento político ante los problemas que hoy tenemos planteados. En cierta manera, algunos de ellos ya se habían insinuado en nuestra conversación del mes de enero, pero no todos, y por otro lado, me pareció que no estaría por demás volver a insistir y exponer otros aspectos a su alta consideración. El día 23 de marzo me contestaba y su respuesta es la de un Rey que es consciente de la situación en que se encuentra España y que comprende que para resolver los problemas se han de hacer toda clase de sacrificios.

Sepa que en esta correspondencia trataba por encima del tema de Cataluña, por dos razones: primera, porque todo lo que yo habría podido decirle de lo que ha pasado durante estos últimos diez meses y sus resultados, estoy seguro de que S. M. el Rey ya lo sabía o ya lo presentía; después, porque si tenía que hablar de Cataluña me tenía que dirigir también al presidente de nuestro Parlamento, señor Heribert Barrera. Esto lo hice el 23 del pasado mes en una larga carta en la que le hacía constar mi disconformidad con la política sectaria, discriminadora y carente de todo sentido de responsabilidad por parte de la Generalidad.

También le hacía constar mi más enérgica protesta ante la política de provocación que Cataluña inició el mismo día de la toma de posesión del presidente Pujol y que todavía continúa, debido por una parte a la política de intimidación engañosa que se haca desde la Generalitat y por otra, abusando de la buena fe de los que hay que reconocer que están tendenciosamente informados.

He aquí, pues, que con las comunicaciones dirigidas a S. M el Rey Juan Carlos I, al muy honorable presidente Barrera y a usted mismo con esta carta, me siento en cierto modo liberado de un estado de espíritu que se estaba convirtiendo en algo casi morboso, y que me tenía más que preocupado. Esto no significa que deje de estar atento a todo lo que pasa, pero el hecho de que haya manifestado con claridad total mis reflexiones e inquietudes, debo decirle sinceramente que ha aliviado mi conciencia ante mis responsabilidades pasadas y presentes.

Confío que su amistad me excusará de esta larga carta pero, como le decía al principio después de pensarlo mucho, he creído que usted era la persona a quien podía hablar de ciertos aspectos de nuestra vida ciudadana, porque conozco su objetividad, patriotismo y alto sentido de responsabilidad, y por lo tanto, merece toda mi confianza. Al mismo tiempo, estoy seguro de que en todo lo que acabo de manifestarle no hallará absolutamente ninguna intención política ni pensamiento partidista que, como puede suponer, está muy lejos de mi intención.

Permítame que antes de terminar esta carta y en otro orden de cosas le manifieste que estoy alarmado ante el pensamiento y posición de los partidos políticos, los cuales dan a menudo la sensación de no recordar lo que sucedió el mes de febrero pasado y actúan exactamente como si ante nosotros no tuviésemos problemas angustiosos que no podemos resolver. Sin una acción de Su Majestad el Rey, que ha ganado una gran autoridad moral por sus actuaciones en lo que va de año, fruto también de saber escuchar y razonar de una manera cartesiana y de una voluntad de hierro para cumplir con sus deberes, no desaparecerán las graves preocupaciones que tenemos.

España, unos dicen que bosteza y otros que está dormida. Todo es posible, pero me parece que en el país existe todavía suficiente savia nueva para despertarlo, sacudirlo y darle nobles ambiciones. Se trata simplemente de no pensar en todo cuanto enturbia nuestra voluntad de cara a un destino mejor, y llevar a cabo una amplia y generosa unidad realizada sin rencores y demagogia tocando de pies en el suelo para poder ir hacia adelante sin vacilaciones. Entonces sí que obtendremos la victoria que nos permitirá vivir con bienestar y libertad.

En cuanto a Cataluña, creo que es urgente que se recupere la unidad que se rompió en mayo de 1980, y que se olvide todo lo que ahora nos separa, porque nuestro país es demasiado pequeño para que desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos.

Con la amistad de siempre, le saluda afectuosamente.

Josep Tarradellas

-♦-

Terradellas en vez de Tarradellas, estos días se habla de las gestiones del primero en Rusia, pidiendo en nombre de Puigdemont el apoyo a la independencia de Cataluña a cambio de su apoyo a la no independencia de Crimea. Gente de principios.

 

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a …demasiado pequeña para que desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos.

  1. Josep Olivé dijo:

    A tal Señor, tal Honor! Terradellas sí fue MHP, antes, durante y después.

  2. miquel dijo:

    deleznable comentario. Penoso y delator de bajeza moral.

    • José Luis dijo:

      Y espero que seas igualmente sensible ante palabras más explícitas y sin atisbo de broma con que sueles aparecer tú por aquí.

      • miquel dijo:

        sostenella y no enmendalla, orgullo e hidalguía

        • José Luis dijo:

          El precioso y trágicamente certero “sostenella y no enmendalla” se aplica al que no rectifica ante la evidencia más patente. No veo yo qué evidencia tengo de que alguno de estos MHP sea realmente Honorable (de risa), ni tampoco muy Hombres de Paz, que sería otra lectura (eso de pensar siempre lo peor… excusa non petita…) Pero, debo reconocerlo, MHP significaba aquí Muy Horrible Person, como creo que dejé claro la primera y única vez que salió por aquí esa calificación. De hecho hoy debiera decir MMMMMHP, no solo la sostengo sino que la aumento. Y a sus hechos me remito.

          Por otro lado, intuyo que eso de “orgullo e hidalguía” debes dedicármelo porque te suena a español y por tanto, a unos de nuestros incontables defectos. Pero lo cierto es que hidalguía significa nobleza y generosidad, y su antonimo es mezquindad, o, si lo prefieres, bajeza moral, de modo que resultas un poco contradictorio. Y el antónimo de orgullo es humildad, una virtud peligrosísima porque las mas de las veces suele ser falsa y esconder mucho fariseismo. Mezquinos y fariseos… a quien conozco yo así? En fin: Que gracias por el halago.

          Has vuelto a dejarmela botando y, lo reconozco, mi bajeza moral, que la mía tendré, me ha impedido no aprovechar la ocasión. Pero todo esto no conduce a nada: Mejor te dedicas a escuchar cosas como el trío de Haydn, de verdad mucho más productivo, y me dejas tranquilo con mis necesidades fisiológicas en vez de despertar mis peores instintos. A ver si va a poder ser..

  3. Antonio dijo:

    Tener afectuosas relaciones con las autoridades militares españolas, y estamos hablando de los años 80, a mí me da mucho que pensar, ” …inmejorables y afectuosas relaciones que existían con las autoridades civiles y militares del Estado en Cataluña… “. No sé si alguna vez has pretendido ser ecuánime en tus comentarios sobre Cataluña y el “proces”, si lo has hecho, nunca lo has conseguido. Pero el blog es tuyo y escribes lo que te da la gana; pero eso sí, respecto al tema en cuestión sinceramente, puedes ahorrarte el trabajo, porque esas mismas cosas estamos cansados de escucharlas en los todos los medios de comunicación de esta españita tuya tan querida. y todo esto dicho desde Castilla la vieja, no creas que soy un CDR.

    • José Luis dijo:

      Bueno, supongo que intento ser ecuánime, como tú, supongo. Otra cosa es lo que salga. Pero no porque opines que no lo he conseguido va a ser necesariamente así. Y si coincido con algun medio de comunicación, allá él, yo digo lo que pienso, aunque en muchos casos lo que haga sea precisamente transcribir de un medio de comunicación. Puede que estes cansado de oir algunas cosas, a mi me parece que se oyen demasiado poco, y sobre todo, que se miente demasiado, de modo que, dentro de todo, tampoco es tan grave que repita lo que al menos es cierto.

      Curioso lo de “esa españita tuya tan querida”. Desde luego, yo escribo España en mayuscula, como Cataluña y Honolulú, porque, aunque no soy patriotrero, no forzaría la gramatica ni la ironía para descalificar a un pais que tiene tantas cosas malas como buenas, como todos, pero que es el mio, y porque no veo que mostrarse despectivo sirva de nada, salvo la cosa de la imagen propia de severo crítico. Tu no serás un CDR, yo tampoco soy de VOX. Pero he nacido y vivido mas de 60 años en Barcelona y por mi trabajo he tratado con gente de todos los niveles sociales y de muchos lugares. Y porque no tengo demasiados prejuicios ni necesito que nadie me solucione la vida ni nigún ideal que la justifique, creo que entiendo lo que ha pasado, y me parece absolutamente reaccionario y con demasiados puntos en comun con lo que ocurrió en Alemania. Sin embargo, lo que me resulta insoportable no es que se pretenda la independencia, sino cómo se ha mentido y manipulado, la bajeza de aprovechar una crisis para pretender abandonar el barco, el maniqueismo, el brutal fariseismo, la prepotencia que han inculcado entre los jóvenes y ver como los que ayer aplaudían a Franco y cortaban el bacalao se han subido hoy al frente del carro para mantenerse en el poder. En todo caso, si alguien la ha liado, y es obvio que no con intenciones angelicales, son los de esa “esa cataluñita suya tan querida”, que, al parecer, no deben avergonzarse por querer a su tierra. Y, por cierto, si algunos medios de comunicación no cesan de repetir sin fisuras la misma idea, no son los de esta España nuestra con tan poca autoestima en la que pareces militar.

      • miquel dijo:

        «los que ayer aplaudían a Franco y cortaban el bacalao se han subido hoy al frente del carro para mantenerse en el poder»
        y lo dices después de 60 años viviendo en Barcelona,, bastantes para aprender y hablar en catalán, por cierto. La distancia ha hecho estragos: no entiendes NADA de lo que está ocurriendo en cataluña. Millones de catalanes, no todos claro, se han hartado de estar tutelados por un Estado español cuya máxima autoridad, descendiente directo de Franco por cierto, vive en el siglo XIX y no duda en reñir y amenazar a sus vasallos que osan cuestionan su poder y autoridad.
        Pero la decencia y la dignidad están por todo el país…y Antonio es un claro ejemplo de ello.Otra España es posible pero son demasiados los que no aspiran a ella. Salud y alegría.

      • Antonio dijo:

        No digo españita con ánimo de ofender, es solo un pequeño gesto de liberación frente a tanto que uno escucha y ve por la españita profunda. Yo tampoco soy patriotero, está claro, pero entiendo que todo el mundo tiene que tener libertad para expresarse y decidir sobre su futuro, hasta creo que tu también estás de acuerdo con eso; aunque a mí, apreciación personal, a veces no me lo parece. El caso que cuando veo los resultados electorales en Cataluña y Euskadi, (vaya¡ con mayúsculas), y los comparo con los de españita, siento mucha envidia

  4. José Luis dijo:

    El que se rasga las vestiduras por las iniciales de un exabrupto dirigido a un político por sus actos, me califica de indigno e indecente por pensar lo que pienso. Y como discrepo, es que no me entero. Y como no escribo en catalán, es que no sé. No parece una mala muestra de lo que hay.

    • miquel dijo:

      si la independencia es buena para España y también para Noruega, Cuba, Honduras o Botswana…. también lo será para Cataluña, Tíbet, Córcega, Euskadi, Escocia, Quebec,… siempre que la mayoría de sus ciudadanos la quieran ….y se lo puedan permitir.
      Ejemplo: La Rioja llevaría mal su independencia, sin comunicaciones potentes, sin puerto, sin un gran aeropuerto, etc. Probablemente no la quieran ni les conviene….pero prohibirla sin más es como poner puertas al campo.Seguimos.
      Puedes opinar de lo que quieras y en castellano, claro, pero tu punto fuerte es la música.
      Y mañana: el Bach Friday !!!

      • José Luis dijo:

        Con el ejemplo lo he entendido perfectamente. ¡Qué tontos o/y malos somos todos los que no habíamos caido o no queremos caer! Pero es cierto, se te entiende todo, incluso más de lo que quieres que se te entienda. Y gracias por tu valoración y tu permiso, es un alivio que me permitas seguir opinando, y en castellano, incluso.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s