Acústica

Se dice que la acústica del Concertgebouw es una de las mejores del mundo, y si las emociones del otro día no fueron solo cosa de la orquesta (pese a no ser la titular de la sala sino la Nacional de Holanda), de su director (Michele Mariot), de la genialidad que Dvorak derrochó en su Octava o de las bebidas con que tan gentilmente obsequian a todos los asistentes en el intermedio, no serás tú quien lo ponga en duda. Ni de lejos has oído nunca nada semejante, ni esa sinfonía te resultó nunca tan rica y emocionante. Pobres de nosotros, opinando sobre una obra musical sin haberla escuchado así, tal como sonaría en la cabeza de su autor…

Sin embargo, sin pantallas ni estructura extraña alguna ni nada que parezca destinado a otra cosa que no sea decoración o comodidad, el sonido es maravilloso, natural, lleno y complejo pero tan limpio que en el clímax más potente puedes seguir con el juego de distinguir el originado en cada grupo orquestal, con el oído, pero también con el estómago y hasta con la piel. Debe ser cosa de las proporciones, como en el caso de las chimeneas, y seguro que desde los griegos ya se sabía bastante de esto. Lo que no se explica, o no tiene perdón, es que, con tan buenos modelos, se sigan cometiendo tantos desaguisados. Y lo que tampoco tiene perdón es que, quien pueda, no se dé una vez en la vida el gustazo.

 

Tampoco tendría perdón no aprovechar la triste coincidencia para dedicar un recuerdo al recientemente fallecido Maris Jansons, director principal de la Orquesta del Concertgebouw entre 2004 y 2015, con este fragmento de su interpretación del delicioso vals de esa misma Octava de Dvorak, hoy más emotivo que nunca. Descanse en paz.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Acústica

  1. Josep Olivé dijo:

    Oportuno homenaje a Mariss Jansons, con una preciosa sinfonía de Dvorak. Actuaba en el Palau en Enero. Fantástico y carismático director. Me gustaba muchísimo y era uno de los grandes de la actualidad. Era encantadora su forma de dirigir. Muy triste pérdida. Lo echaremos de menos. Descanse en paz.

    Efectivamente has visitado una sala maravillosa. Estuve en un concierto hará unos años y tuve las mismas sensaciones, además del sentimiento de estar en un lugar único con un enorme y solemne peso histórico, como sagrado, dedicado exclusivamente al goce de interpretar y escuchar buena música. Como simpática curiosidad, las entradas y salidas de directores y solistas por las escaleras, con alfombras rojas y ciertamente empinadas, que parte prácticamente en dos la disposición física de la orquesta.

    • José Luis dijo:

      Yo le vi en el Palau dirigiendo la de El Nuevo Mundo a la RCO. La verdad es que salí algo mareado, parecía que tanto ruido no cabía en el Palau. Luego oí que, por la cosa turística, se habían cargado una sala que había tras el escenario, y con ella la acústica de la sala, algo que, o no es cierto, o se han cuidado de silenciar.

      Sí, las escaleras son propias de un espectaculo de variedades, a los directores-vedette les debe encantar.

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