La octava (y otro Scherzo)

Cuando  no hay mayores precisiones, y una vez eliminadas la Inacabada, la Renana, la Fantástica y la Leningrado por conocerse más por ese sobrenombre, la Tercera, la Quinta y la Novena, son las de Beethoven; la Sexta, la de Tchaikovsky y la Séptima la de Bruckner, con permiso del insuperable Allegretto nada alegre de la del abusón. Para Primera, tenemos la de Mahler, que puede ser perfectamente también el titular de la Segunda, y para Cuarta, la de Brahms. ¿Pero cuál es la Octava que se lleva el premio? Pues la de Dvorak, una gloriosa sinfonía llena de melodías y emociones capaces de alegrar la vida a cualquiera, tal como afirma Tom Service, un crítico de The Guardian inusualmente claro y auténtico, que califica el vals de su tercer movimiento de “melancólico y milagroso”

Allegro con brio [00:28]
Adagio [10:38]
Allegretto grazioso – Molto vivace [22:06]
Allegro, ma non troppo [28:00]

Porque esa es otra: Hay que reivindicar la Octava de Dvorak, demasiado ninguneada por culpa de la del  Nuevo Mundo, pero también los terceros movimientos, habitualmente scherzos más o menos vigorosos pero siempre tan risueños como indica su nombre, a menudo injustamente olvidados ante las profundas simas de gravedad de los adagios o los triunfales finales que siempre se apropian de los aplausos. Como, sin ir más lejos, el arrebatador Scherzo de la Séptima del mismo Dvorak

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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