Las enseñanzas del Frère Jacques


Aunque el “dormez-vous” no es imperativo sino interrogativo, el Frère Jacques es cantado a los bebés de todo el mundo para ayudarles a conciliar el sueño (y acostumbrarles peligrosamente a dormirse escuchando una canción), lo cual es sólo una de las enseñanzas que se adquieren gracias a esta canción infantil.

Para empezar, algunos niños habrán aprendido a cantar con su sencilla melodía, y seguro que otros se han iniciado en el idioma francés con su letra, pero el Frère Jacques es particularmente útil para que descubran lo que es un canon, lo difícil que es mantenerse en la propia voz y lo bonito y hasta emocionante que puede ser el resultado de ese esfuerzo colectivo.

Luego sirve para que los adultos meditemos sobre el chauvinismo y la propiedad de la música. El Frère Jacques  se canta en todo el mundo, pero aunque la wikipedia recoge más de 50 versiones en lenguas distintas y muchos tendrán a la que aprendieron en su lengua como la original (caso del amigo que dio pie, tiempo ha, a este apunte, o de los chinos, que la tienen tan asimilada en su cultura que la consideran suya), a pesar de todo, Francia mantiene su propiedad sin demasiadas dificultades. Aunque mejor no preguntar tampoco a un italiano de quien es Serafino campanaro, sobre todo si es fan de Mina.

Por contra, el Martinillo y el Campanero de España son prácticamente desconocidos aquí mientras que ambos se mantienen vivos en Hispanoamérica junto a otros dos en castellano, el Fray Santiago argentino y el Fray Jacobo chileno (que, curiosamente se desmarca de la onomatopeya campanera común, “dan”, con un elegante “bel” final)

Martinillo, martinillo / Campanero, campanero / Fray Santiago, Fray Santiago / Fray Jacobo, Fray Jacobo
¿Dónde estás? ¿Dónde estás? / ¿Duermes tú? ¿Duermes tú? /¿Duermes ya? ¿Duermes ya?/ ¿Duerme usted? ¿Duerme usted?
Toca la campana, toca la campana / Toca las campanas, toca las campanas / Suenan las campanas, Suenan las campanas
Din, don, dan. Din, don, dan. / Din, don, dan. Din, don, dan. / Din, don, dan. Din, don, dan. / Din, don, bel. Din, don, bel.

Y por si, dado el tópico chauvinismo de nuestros vecinos del norte, alguien dudase del origen de la canción, que se tenía por anónima, hace pocos años ha sido atribuida (por un francés, aunque con fundamento, todo sea dicho), nada menos que a Rameau. Y ya tenemos una versión circunspectamente clásica de su Frère Jacques.

Pero a Rameau le ha salido un competidor en Frescobaldi, un siglo anterior a Rameau, en cuyo Capriccio “Fra Jacopino” sopra L’Aria Di Ruggiero, además de la coincidencia en el fraile, se halla una melodía similar. Lo que, una vez más, nos enseña a despreocuparnos de autorías y gozar de lo que se pueda, si es que se puede.

La última enseñanza, más cerca de la tumba que de la cuna (al menos por una razón), nos llega de la mano de Mahler, cuando en su Primera Sinfonía, la Titán, convierte la canción infantil en la marcha fúnebre del tercer movimiento (que esa es la razón segura). Y para ello, además de darle el tempo y el ritmo adecuado, cambia la tonalidad de mayor a menor enseñándonos a los que no lo sabemos, que las mayores suelen ser asertivas y optimistas, mientras que las menores son meditativas y propensas a la tristeza, aunque esa generalización no siempre se cumpla. Parece ser que el Frère Jacques ya se cantaba así en el siglo XIX en Austria, pero en cualquier caso, el cambio es aquí espectacular y visible desde los timbales con que empieza, Din, Don, Din, Don…

-♦-

Un par de propinas. La primera, Leonard Bernstein utilizando el Frère Jacques para explicar a un público de niños y jóvenes lo que es un canon y una fuga y el uso de repeticiones y variaciones en la composición de música sinfónica, con el Final de la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky como ejemplo. Magistral, puede seguirse fácilmente aun no entendiendo el inglés.

 

Y la segunda, unas Variaciones sobre el tema de Frère Jacques en 12 estilos musicales diferentes que representan la evolución de la historia de la música occidental, obra claramente didáctica de un joven compositor soriano llamado Andrés Martín Herranz. Un poco duro al principio, cuando entran los instrumentos se deja oir mejor.

1. [00.29] Canto gregoriano (Introito).
2. [02:15] Organum quadruplum.
3. [03:32] Pavana renacentista.
4. [04:59] Concierto barroco.
5. [06:20] Sonata clásica.
6. [07:19] Cuarteto romántico.
7. [08:30] Nocturno romántico.
8. [10:54] Vals vienés.
9. [12:08] Preludio impresionista.
10. [13:50] Pasodoble español.
11. [14:57] Blues.
12. [16:48] Reggaetón

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Las apariencias no engañan
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