Cantando en la ópera (17) – Las dos serenatas de El barbero de Sevilla

En la primera escena de El barbero de Sevilla, el Conde Almaviva dedica a Rosina dos serenatas muy distintas. La primera, aristocrática, elegante,  muy elaborada y ricamente orquestada, la canta acompañado por un grupo de músicos que ha contratado para la ocasión, guitarrista incluido, pues estamos en Sevilla. Se trata de Ecco, ridente in cielo, un aria completa, con una cavatina lenta que en este caso se corresponde con la serenata cantada, es decir, un cantábile para el canto, porque la cabaletta que sigue, más animada y ornamentada, el bel canto operístico, es para la parte en que Lindoro, aunque siga acompañado por su orquesta particular, ya no canta a su amada sino que se felicita a sí mismo por haberla entrevisto, hablando aunque nosotros le oigamos cantar, que esto es una ópera.

Ecco, ridente in cielo
spunta la bella aurora,
e tu non sorgi ancora
e puoi dormir così?
Sorgi, mia dolce speme,
vieni, bell’idol mio;
rendi men crudo, oh Dio,
lo stral che mi feri.
Oh sorte! già veggo
quel caro sembiante;
quest’anima amante
ottenne pietà.
Oh istante d’amore!
Felice momento!
Oh dolce contento,
che eguale no non ha!
He aquí, risueña en el cielo,
despuntando ya la bella aurora,
¿Y tú no apareces aún,
y puedes dormir así?
Aparece, dulce esperanza mía,
ven, hermoso ídolo mío,
haz menos cruel, ¡oh Dios!,
el rayo que me hirió.
¡Oh, qué suerte!, ya veo
el rostro amado;
¡mi alma amante
ha merecido piedad!
¡Oh instante de amor!
¡Momento feliz!
¡Oh dulce felicidad
sin igual!

Para la segunda, el conde sigue ya las instrucciones de Fígaro, que, mucho más práctico y experimentado, le propone algo más natural, una canzonetta così alla buona que, con una letra menos pomposa y el discreto y melancólico acompañamiento de su sola guitarra resulta de una sencillez conmovedora (siempre que se interprete con el debido gusto, porque, en caso contrario, puede pasar desapercibida). Y, naturalmente, ésta funciona mucho mejor.

CONTE
Se il mio nome saper voi bramate,
dal mio labbro
il mio nome ascoltate.
Io son Lindoro che fido v’adoro,
che sposa vi bramo,
che a nome vi chiamo,
che a nome vi chiamo…
Di voi sempre
parlando così
dall’aurora
al tramonto del dì,
dall’aurora
al tramonto del dì.

ROSINA
Segui, o caro; deh, segui così.

FIGARO
Sentite. Ah! che vi pare?

CONTE
Oh, me felice!

FIGARO
Da bravo, a voi, seguite.

CONTE
L’amoroso e sincero Lindoro
non può darvi,
mia cara, un tesoro.
Ricco non sono,
ma un core vi dono,
un’anima amante
che fida e costante,
che fida e costante,
per voi sola sospira così
dall’aurora
al tramonto del dì,
dall’aurora
al tramonto del dì.

CONDE
Si queréis saber mi nombre,
de mis labios
mi nombre escuchad.
Yo soy Lindoro que fiel os adora,
que como esposa os desea,
que por vuestro nombre os llama
que por vuestro nombre os llama…
Que no hace más que
hablar de vos
desde la aurora
hasta el ocaso del día,
desde la aurora
hasta el ocaso del día.

ROSINA
¡Sigue, querido, por favor, sigue

FÍGARO
Oíd. ¡Ah! ¿Qué os parece?

CONDE
¡Oh, qué feliz soy!

FÍGARO
Muy bien, vamos, seguid.

CONDE
El amoroso y sincero Lindoro
no puede daros,
amada mía, un tesoro.
No soy rico,
pero un corazón os doy,
un alma amante,
que fiel y constante,
que fiel y constante,
por vos sola suspira,
desde la aurora
hasta el ocaso del día,
desde la aurora
hasta el ocaso del día.

Dos canciones, dos mundos. Si es que los directores de escena no añaden más.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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