El oído. Cómo oimos  

El oído es muy necesario para oír. Casi indispensable, diríamos. También se lo usa para anclar las gafas, colgar aretes y, en el caso de los tenderos, portar lápices.  

Cómo oímos. Supongamos que una persona nos dice: «¿Cómo estás?» Las vibraciones que provoca el cariñoso saludo entran en el pabellón auricular del oído, muy parecido a una oreja; huyen luego hacia la membrana timpánica a través del conducto auditivo externo; hacen vibrar el tímpano y hacen sonar las notas marciales de la trompa de Eustaquio. Las vibraciones perciben entonces el movimiento que ejecuta una cadena de tres pequeños huesos —el yunque, el estribo y la hoz y el martillo — y allí se encaminan curiosas; pasan luego nadando a través del líquido del canal, que excita las fibras nerviosas: las fibras quedan contentas. Estas están en relación —muy buena relación y muy antigua— con el cerebro por medio del nervio auditivo. El cerebro recibe la información, la procesa velozmente y dispara una respuesta: «Eehh…, ¿me repite la pregunta?»

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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