Mientras quieran que dure

No es mala cosa escuchar a quien duda para formarse una opinión fundamentada (o quedarse también dudando), de modo que la idea de abordar nuestra  guerra civil desde la perspectiva de Unamuno era prometedora, y el personaje, magníficamente recreado por Karra Elejalde, es lo mejor de la buena película de Amenábar. Pero, pese a haber sido acusado de ser demasiado imparcial  (lo cual ya debiera sonrojar al acusador), las críticas a la República en Mientras dure la guerra, son escasas, verbales y limitadas al propio Unamuno y casi sólo a su alusión a las habas que se cocían en el otro lado, mientras que en el suyo oímos disparos y asistimos reiteradamente al sufrimiento que ocasionan los atropellos de los sublevados. Por lo demás, los unos son todos almas libres y bien intencionadas, los otros van de bobos taimados a bobos bravucones, de Franco a Millán Astray.  Y todo, el guión y más aún las imágenes, está al servicio de un planteamiento innecesaria y tristemente maniqueo.

Pero hasta ahí, era lo previsible y habitual ahora, como antes lo eran los panfletos del cine franquista, aunque a aquel se le veía más el plumero que a éste, tan bien realizado que parece un retrato de la realidad, lo cual, tratándose de historia, es bastante más peligroso. Sin embargo, más allá de subjetividades y omisiones, el trabajo de Amenabar es bastante riguroso con los hechos, y las casi inevitables inexactitudes, irrelevantes en su inmensa mayoría. Por ejemplo,  pareciendo probado que el famoso “Venceréis pero no convenceréis” no salió de los labios de Unamuno en su enfrentamiento con Millán Astray y pese a contribuir  la película a perpetuar tal error, la atribución puede aceptarse como una licencia que resume bien el pensamiento del escritor. Como, no siendo tampoco verdad lo que afirma Millán Astray hablando de la “baraka” de Franco, “Soy tuerto, manco y cojo, en cambio a Franquito no le da ni una bala”, esa perla del guionista merece todos los perdones aunque a Franco sí le había dado una bala y en lugar delicado.

Inexactitudes o errores irrelevantes… salvo una grave y trascendente excepción que descalifica (o califica) a su autor, y que viene ya en la otra lectura del título, “Mientras dure la guerra”. Porque esa fue la clausula que los generales quisieron imponer a Franco para limitar el  mandato que le otorgaban, clausula que él se encargó de suprimir, y así se explica claramente en la película. Sin embargo, para la mayoria de los espectadores va a pesar mucho más en la memoria otro momento bastante más definitorio en el que también se habla de la duración de la guerra, y al que, obviamente, alude a la vez el título: Amenábar hace que Franco, en un dialogo con su hermano Nicolás,  decida no atacar Madrid y acabar así rápidamente la guerra optando por prolongarla y tener tiempo de limpiar de rojos España. Algunos creen que así fue; otros, que si no tomó antes el Madrid del “No pasarán” fue porque no pudo. No hay pruebas de nada, pero la película, tan imparcial, no deja lugar a dudas: Lo dijo y el retrato queda fijado en menos de cinco segundos. [00:39-00:44]

Como si se necesitasen juicios de intenciones para condenar a Franco. Como si hicieran falta. Como si no encontrasen suficientes argumentos objetivos para desequilibrar la balanza. Y quizás sea eso, quizás es que no acaban de creerse que les sobran razones y necesitan ratificar su postura mirando sólo hacia el lado de los otros y convirtiendo sospechas en hechos probados. O quizás es que piensa el ladrón que todos son de su condición. Porque, hoy, no hay duda de quienes y para qué se están empeñando en que la guerra dure lo más posible.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Mientras quieran que dure

  1. alvccar dijo:

    Llevo tiempo seguiéndo su blog
    Esta vez me animo a escribirle para felicitarle por expresar tan bien lo que creo es un constante manoseó acerca de nuestro terrible pasado reciente que no hace más que desprestigiar los suficientes argumentos objetivos que desequilibran la balanza.

  2. alvccar dijo:

    Antes era Albertini

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