El mirlo

Mi mirlo ha perdido su pico, ah?
Mi mirlo ha perdido su pico, vaya..
Un pico, dos picos, tres picos, Marleau
¿Cómo quieres, mirlo mío cantar?

Y en las siguientes estrofas, el mirlo pierde sucesivamente una parte de su cuerpo, los ojos después del pico, luego la cabeza, el cuello, el buche, la espalda, las alas, la cola y el vientre, ah?, oh!, vaya.., no!, pero para recuperarlos inmediatamente y por triplicado. Una vieja canción infantil franco-canadiense que uno de los principales animadores experimentales de la historia llamado Norman MacLaren (del que ya vimos por aquí un instructivo corto el triste año del paréntesis) llevó a la pantalla con los mínimos recursos imaginables, un par de circulitos y unas cuantas tiras rectangulares (solo las de las patas terminando en punta y formando una figura estable), todo de papel recortado. Un magistral ejercicio de imaginación, sentido del ritmo y sincronización al que vale la pena dedicar cinco minutos, aunque debe advertirse que la música, como es habitual en estas repetitivas canciones infantiles, es peligrosamente pegadiza.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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