Mi amigo con su equipo

Y mejor no añadir nada.

Pero lo mejor es enemigo de lo bueno. Este es el último whatsapp de mi amigo:

“Haría falta (y no la harán) mucha autocrítica por parte de Madrid, de la Generalitat, de la sociedad, de las asociaciones y sindicatos… Todo Dios en shock y acojonado en su casa y los médicos españoles hemos ido como kamikazes…”

“Los médicos no tendríamos porque ser mejores que los políticos  pero lo somos”. Eso le he contestado, y si hubiese tenido un teclado grande y querido cansar a mi amigo con lo que ya sabe, habría escrito bastante más, porque la cosa no es tan obvia y la discusión conmigo mismo larga. Pero tampoco hace falta marear mucho la perdiz. La gran diferencia entre estos médicos y estos políticos no nace de la motivación altruista, que también debe suponerse en ellos, aunque hoy nadie estudia medicina para forrarse y en las bancadas hay de todo. El gusto por el poder, el mesianismo, el paternalismo y la búsqueda de reconocimiento, en mayor o menor grado pueden darse en unos y otros. Pero para ser medico hay que estudiar una carrera no especialmente fácil, mientras que a la política se puede llegar con poca o ninguna formación. Y ahí puede nacer la diferencia fundamental: la profesionalidad, el respeto y recurso constante a los principios de una ciencia que los propios médicos someten constantemente a revisión y que incluye principios éticos muy exigentes, que seguramente no se cumplen siempre, pero nunca dejan de estar en su norte. Al lado de lo que nos encontramos unos personajes que no están interesados en conocer y emplear esa “ciencia que trata del gobierno y la organización de los estados” según su ideología, sino en llegar a ese gobierno y aguantar en él todo lo posible. Y cuando se da por bueno que las promesas electorales sean solo eso, ya se sabe, y cuando se acepta que los programas se elaboren siguiendo encuestas y no una determinada línea de pensamiento, no es raro que emerjan veletas o marionetas sin seso guiadas totalmente por expertos en publicidad y marketing ni que el nivel ético de muchos de tales políticos sea deleznable.

Porque los sanitarios del coronavirus no son héroes. Son profesionales que han hecho el mismo trabajo que vienen haciendo cada día con bastante menos reconocimiento que ahora y que, sometidos a presiones y agresiones indecentes siguen practicando una ciencia que respetan. Son sus espaldas las que más han sufrido los recortes, y atendiendo a su formación, a su responsabilidad, al beneficio generado por su trabajo, y al esfuerzo que le dedican, son los profesionales peor pagados de esta sociedad. Pero suelen dormir tranquilos. Y con lo que han demostrado ahora, han hecho que hasta los jubilados nos sintamos orgullosos de haber sido del gremio.

Gràcies, amic.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Mi amigo con su equipo

  1. Josep Olivé dijo:

    Hay demasiados políticos que llegan a ser dirigentes y que desconocen por completo el esfuerzo que hay que hacer para sacarse una carrera de cierto rigor educativo, o para conocer desde dentro el funcionamiento de una empresa, y de algo tan importante en la vida como que los actos tienen consecuencias, es decir, conllevan una responsabilidad. Nada de esto conocen, y de ahí ese desconocimiento feroz del mundo universitario, del mundo de la empresa, del mundo de las responsabilidades. Ni de aprender bien idiomas se preocupan. Y luego pasa lo que pasa: se sorprenden de que sean criticados por su falta de rigor, su falta de honestidad, por su ignorancia, piensan que pueden hablar de todo con una base mínima de conocimientos pero bien parapateados en un buen puñado de asesores. Por eso frecuentemente son el hazmereir cuando se ponen serios con cara de catedráticos impartiendo clases magistrales. Por eso la incorregible corrupción. Por eso la chulería de saltarse las leyes, por su cara bonita y su arrogancia. Y todos los partidos tienen un buen porcentaje de esa clase de dirigentes, se han alistado a sus juventudes desde muy pequeñitos, han visto el chollo ya desde muy temprana a edad y han escalado puestos dentro del partido, con buenas o malas artes y se han desentendido del mundo de fuera del partido. Y así nos va. Y llega un momento crítico, crucial, en el que hay que responder al reto de una grave amenaza, sea del tipo que sea, y lo que manda, lo importante qué es? Qué va a ser! El partido!
    Y al final lo debemos confiar todo a los profesionales, los que saben, y los que em estos días, se juegan la vida. Gracias, muchas gracias. Si no fuera por vosotros…

    • José Luis dijo:

      Hoy han muerto Lavilla y Múgica. Los líderes políticos de la transición eran otra cosa, es ya un tópico, pero cada vez lo hacen más cierto. Ahora nos está gobernando un reconocido mentiroso que no dudó en meter la mano en las urnas para ser el amo de un partido en el que luego ha hecho purga. Pero si se le permite es porque la deshonestidad no está excluida del ideario real del partido (ni de la sociedad, que esa es otra), en el que, por otro lado, tampoco hay sitio para nada que no sean métodos para llegar al poder. La idea de que lo importante es llegar al poder para luego bla bla bla, se ha convertido en una excusa porque se ha pasado al todo vale para llegar al poder, que ya no es un medio sino el fin. Ya no es lo que hacen, sino lo que tienen por normal. Esa es para mí la diferencia más incuestionable con los sanitarios y con cualquier profesional del servicio público que podrá ser mejor o peor, pero tiene una referencia clara de lo que debe hacer. Poco bueno puede esperarse de los que dan por buena la mentira y hasta la sitúan en un lugar central de su ideario con la excusa de la bondad de sus intenciones, unas intenciones que se pervierten además inevitablemente cuando se pervierten los medios. Aunque lo realmente peligroso es lo que suele seguir a la degradación de los partidos y de la democracia, especialmente en tiempos difíciles.

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