Beethoven: Sonata para piano núm. 7 en Re mayor Op. 10/3 (1798)

Tercera y última de las sonatas de la op. 10, todas dedicadas a la Condesa Ana Margarita von Browne, la esposa de uno de los primeros protectores que tuvo Beethoven en Viena, quien un año antes le había regalado un caballo. Cuentan que pronto se olvidó de él y que el animal se libró de morir de hambre gracias a los amigos del compositor. También se dice que un criado aprovechó para alquilarlo en su propio beneficio. El estaba a otra cosa. El Presto de esta Sonata es otro puñetazo sobre la mesa: Señoras y Señores, aquí está Beethoven, el compositor y el pianista.

Pero sobre todo, el compositor. El dolor que expresa el Largo e mesto [7:22] es descomunal, Beethoven no había escrito antes nada tan hermoso y a la vez desolador. Chopín debía escuchar esto de rodillas. Y el llanto de las notas agudas que contrastan con los acordes graves en la parte central (a partir de 11:45) recuerda mucho algo de lo que no logro acordarme. Pero es igual: Hay que abrocharse el cinturón del corazón. El sentimiento en la música también es de Beethoven. Y este largo justifica (y explica) una vida.

El Menuetto [18:10] es un bálsamo. Es curioso como asoma con cuidado, como si se avergonzase de traer un poco de felicidad tras tanto sufrimiento. Pero pronto te lleva, qué maravilla.

El movimiento final, Rondó, característicamente positivo, juega con una pregunta de tres notas que es a la vez una invitación. ¿Nos-va-mos? Y al final, se va, sin dar explicaciones, después de la que ha liado con esta obra maestra.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Beethoven: Sonata para piano núm. 7 en Re mayor Op. 10/3 (1798)

  1. Josep Olivé dijo:

    Encontramos ya, bien pronto, y en lo que se da por llamar su primera época compositiva (*), uno de sus movimientos lentos devastadores: melancolía infinita, clímax trágico. Es un movimiento sobrecogedor. Curiosamente, este “lento e mesto” posee el calificativo de triste (“lento y triste”), término que no va a utilizar más en toda la serie de sonatas posteriores (y precedentes). En esta sonata, no es que este movimiento sea su centro de gravedad, es que es su agujero negro, tal es su calado y profundidad.

    Volvemos a los cuatro movimientos, y es evidente que Beethoven quiso cerrar el op.10 con una obra potente, que en nada cede en intensidad por mucho que la finalice como de corrido, como escapándose silenciosamente, como sin darle importancia, o simplemente porque sabía que con el “lento e mesto” ya nos ha dejado K.O. Cierra pues el grupo de sonatas del op.10 de manera trascendente, con un primer movimiento de ensueño, con fantástico ritmo y temas sincopados de altura. Ya este primer movimiento te mete dentro de la sonata de manera drástica. Ya se percibe, ya se va percibiendo, que Beethoven nos esta preparando para lo que va a venir.

    (*) Esta cayendo en desuso, por suerte, la clasificación de los tres periodos compositivos de Beethoven y esta sonata, la op.10 n.3 en re mayor, puede ser una buena prueba de lo algo arbitraria de dicha clasificación.

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