La música, con o sin información: Segundo ejemplo

Mi segundo ejemplo es el Cuarteto n.15 de  Beethoven, opus 132, uno de los últimos cuartetos de cuerdas que compuso, en 1825, cuando  había  completado e interpretado su Novena  Sinfonía, la última de sus 32 sonatas para piano, y la Missa Solemnis había sido interpretada por primera vez un año antes. Podríamos decir que el genio había completado su obra a la edad de cincuenta y cinco años. A principios del año, Beethoven  cayó  muy enfermo  y  en  la  primavera,   una  vez recuperado, se fue de viaje a Baden, donde ese cuarteto fue escrito y completado sobre la base de varios bosquejos escritos el año antes. (…) Después de un allegro sostenuto y un allegro ma non tanto, el tercer movimiento, el molto adagio, es «una canción sagrada de acción de gracias a Dios por la salud restaurada, en modo lidio.» Desde luego este cuarteto ha  sido  visto  tradicionalmente como  la  muestra  de agradecimiento de un hombre convaleciente  por  mantenerse con vida y ser capaz de terminar su obra. [Y los casi veinte minutos de dicho tercer movimiento, una de las más importantes cumbres de Beethoven, saben a muy poco en interpretaciones como ésta del Danish String Quartet y permiten responderse con criterio a la pregunta que Gerard Vilar hará al final.]

Hay una maravillosa escena al final de una película reciente sobre el maestro, Copying Beethoven, donde  Beethoven, postrado en cama, escribe este movimiento en una ekphrasis [representación verbal de una representación visual] muy inteligente.

Es natural que algunas personas, al escuchar esta obra, la consideren como una descripción musical de la enfermedad y la curación. Lo que pregunto es si la experiencia puramente musical de este cuarteto  debería desatender o ignorar esta información sobre las condiciones en las cuales fue compuesta, ¿o no?               

Gerard Vilar ¿Qué clase de experiencia es una experiencia musical?

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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5 respuestas a La música, con o sin información: Segundo ejemplo

  1. Josep Olivé dijo:

    Si. Y la respuesta afirmativa vale para la mayoría de música creada. Siempre me he interesado por las condiciones personales de un compositor cuando su música me ha sobrecogido y emocionado, y normalmente ha sido en esa secuéncia: primero escuchar y luego investigar que movió al compositor a escribir algo tan sobrenatural. Si encuentro respuesta la tengo en cuenta en siguientes audiciones y la emoción se me amplifica. Si no la encuentro no pasa nada, creo yo mismo un contecto personal, normalmente el primero que ha acudido en las primeras audiciones.

    Entrar en las últimas obras de Beethoven, en el mal llamado último estilo compositivo, es entrar en una nueva dimensión musical. Sus últimos cuartetos y sonatas son una prueba maravillosa de ello. Reproduzco literalmente lo escrito por Harold C Shonberg en su extraordinario libro sobre compositores: «Aquí nos hallamos en un plano de la música en el cual se respira un aire enrarecido. Nada semejante fue compuesto antes, nada parecido podrá volver a componerse. Es la música de un hombre que lo ha visto todo y experimentado todo, un hombre atraído por un mundo silencioso y doliente, que ya no compone para complacer a nadie sino para justificar su existencia artística e intelectual. Ante esa música, se siente la tentación de interpretar su contenido a la luz de una suerte de exégesis metafísica. No es música bonita, y ni siquiera atractiva. Es sencillamente sublime. (…) Todo es música interior, música del espíritu, de suma subjetividad y extraordinaria grandeza.»

    Qué mejor prueba de todo lo dicho puede ser este inmarcesible «molto adagio» que nos traes hoy en tu post?

    • José Luis dijo:

      «Nada semejante fue compuesto antes, nada parecido podrá volver a componerse.» Gracias por el extraordinario párrafo.

      Coincido en que, como las buenas letras, la historia que hay tras una composición puede amplificar su efecto. Pero no suelo inventarme nada para rodearla, y menos con Beethoven. Me abruma tanto que no puedo ni pensar, es devastador haga lo que haga. En ese sentido creo que es el más grande.

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