La feliz tradición

La riqueza y calidad de la música tradicional de Georgia es tan extraordinaria como el hecho de que siga manteniéndose viva como tal y que los habitantes de ese viejo país no desaprovechen ninguna ocasión para reconocerse en ella. Mi feliz familia ( ჩემი ბედნიერი ოჯახი, My Happy Family para la distribución internacional) es una magnífica película georgiana de 2017 sobre una mujer que decide irse a vivir sola abandonando el hogar en el que convivivía con tres generaciones de su familia. Firmada por “Nana y Simón”, este segundo largometraje del matrimonio de la georgiana Nana Ekvtimishvili y el alemán Simon Gross es un delicado drama de carácter certeramente feminista pero también un interesantísimo retrato de la transformación de esa sociedad, un retrato sociológico en el que, entre otras cosas y de paso, puede observarse cómo alrededor de la música tradicional se comparten emociones y se afirman identidades.

Así, en un reencuentro de antiguos alumnos, tras un brindis por los que ya se fueron, asistimos a una emocionante exhibición de polifonía doméstica de primera clase.

Inmediatamente, la protagonista, en un particularmente difícil momento personal, accede a cantar para sus compañeros de escuela, como hacía en sus viejos tiempos. Lo hace la misma actriz, una espléndida Ia Shugliashvili, con una canción cuya letra pretendidamente amorosa resume de hecho la denuncia de la película

El lunar de tu cara te queda muy bien.
Ven y siéntate a mi lado, anímame,
Eres tan buena, apasionada y llena de vida.
Cuando muera, querida, conviértete en mi lápida
Antes eras mi rosa pero ahora eres mi pena
Me evitas y te alejas de mí
Por favor, dime si alguien es mejor que yo
Sin tí mi fuerza se ha ido
Si no sabías qué es el amor ¿Por qué viniste a mí?
¿Por qué paseabas por mi calle por las noches?
La blusa a rayas y el traje de fiesta te sientan bien
Nunca se te ocurra traicionarme
Eres tan buena, eres tan buena, apasionada y llena de vida.
Cuando muera, querida, conviértete en la lápida que cubra mi tumba.

En este caso, aunque tenga todo el aire, no se trata estrictamente de una canción tradicional, pues fue compuesta por la propia madre de la actriz, una cantautora llamada Inola Gurgulia que falleció a los 48 años, cuando ella tenía diez. Prácticamente desconocida en el resto del mundo, Inola Gurgulia es legendaria en su país por las numerosas canciones de amor que compuso (en nula sintonía con las directrices soviéticas) y por la personalidad con que las interpretaba, una fama que resulta comprensible escuchándola en piezas como esa “Eres tan buena, eres tan buena” que canta su hija en la película.

Por último, son los jóvenes los que provocan nuestra envidia al tomar el testigo de esa tradición en una escena en la que los amigos celebran la futura paternidad y matrimonio del hijo de la protagonista.

Una película admirable y una sociedad que sabe evolucionar sin echar por la borda lo que vale la pena.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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