Abejarucos

A pesar de los años, la vista puede seguir educándose. Este año me han presentado los abejarucos, que hasta ahora sólo eran uno de aquellos nombres pronunciados tan enfáticamente por Rodríguez de la Fuente como el de sus míticos quebrantahuesos. La pareja que he visto volaba dejándose llevar como una cometa, de aquí para allá y de allá para aquí, y ha rematado la faena al posarse y mostrar un colorido que en el aire y un poco a contraluz no se apreciaba. El gran Miguel Delibes, no el Delibes de la moralina sino el gran Delibes observador y poeta, lo explica bien y lo envuelve mejor.

Con el tendido de la luz, aparecieron también en el pueblo los abejarucos. Solían llegar en primavera volando en bandos diseminados y emitiendo un gargarismo cadencioso y dulce. Con frecuencia yo me tumbaba boca arriba junto al almorrón, sólo por el placer de ver sus colores brillantes y su vuelo airoso, como de golondrina. Resistían mucho y cuando se posaban lo hacían en los alambres de la luz y entonces cesaban de cantar, pero a cambio, el color castaño de su dorso, el verde iridiscente de su cola y el amarillo chillón de la pechuga fosforecían bajo el sol con una fuerza que cegaba. Don Justo del Espíritu Santo, el cura párroco, solía decir desde el púlpito que los abejarucos eran hermosos como los arcángeles, o que los arcángeles eran hermosos como los abejarucos, según le viniera a pelo una cosa o la otra, lo que no quita para que el Antonio, por distraer la inercia de la veda, abatiese uno un día con la carabina de diez milímetros. Luego se lo dio a disecar a Valentín, el secretario, y se lo envió por Navidades, cuidadosamente envuelto, a la tía Marcelina, a quien, por lo visto, debía algún favor.

Miguel Delibes. Viejas historias de Castilla la Vieja.

También mi vecina tenía uno, posado sobre un almendro de cartón y papel de plata en el recibidor de su casa. Era una de las manualidades que mostraba con orgullo a las visitas, junto a una maqueta de la plaza del ayuntamiento del pueblo que acabó poco antes de irse a una residencia. Murió a principios de este mes de Marzo, quizás del coronavirus. La casa está cerrada, el abejaruco debe seguir ahí.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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10 respuestas a Abejarucos

  1. Josep Olivé dijo:

    Qué colores! Y qué final más truculento para esta pequeña y bellísima narración de Delibes!

    • José Luis dijo:

      Los animales disecados son una pura contradicción.

      • Josep Olivé dijo:

        Todo un oxímoron, no? (que diría el siempre corrosivo Espada).

        • José Luis dijo:

          A punto he estado de escribir “contradicción en los términos”. Pero oxímoron, jamás.

          • Josep Olivé dijo:

            La verdad es una palabra que me resulta bastante antipática de leer y pronunciar, no la uso nunca, pero me pica la curiosidad del por qué de tu tajante decisión. Por ser inapropiada para el caso que nos ocupa? Por ser una palabra que han puesto de moda algunos articulistas y tertulianos? Por ser una palabra extraña y prácticamente inexistente hasta nuestros días? Me gustan estas “quisicosas” del uso de las palabras. 🙂 🙂 🙂

  2. Josep Olivé dijo:

    Ondia! Esta mañana, repasando velozmente diarios digitales, he visto como minidocumentales sobre ecología en donde en su foto de portada habían abejarucos. Vaya casualidad….o no. 🙂

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