Sonido y sonarse

Sonarse la nariz produce un sonido muy especial. Por eso se llama «sonarse» y no de otra manera. En 1932, por ejemplo, el marqués de Villacastín se encontraba en su palacio de Extremadura cuando notó que tenía los conductos nasales obstruidos. Extrajo un pañuelo de su bolsillo y se sonó con tal vigor que el eco de su operación de limpieza se escuchó como si fuera el sonido de una trompa de cacería que declaraba abierta la temporada de caza del jabalí pinto. Centenares de monterías partieron abruptamente en pos del animal y al jabalí pinto, que aún no estaba preparado para defenderse de los cazadores, le dispararon con tal intensidad que prácticamente desapareció de Europa. 

Sonarse la nariz con las ventanillas nasales apretadas es muy malo para la salud, pues el aire es impelido violentamente a través de la trompa de Eustaquio hasta el oído medio. Podría entonces quedar sordo. Sí, ¡SORDO! 

Usted se estará preguntando por este fenómeno. Pues bien, podemos informarle que Eustaquio fue un viajero griego que exploró y conquistó estas trompas, hace muchos años. Su hermano Falopio llegó aún más lejos. Y disfrutó más. 

Ejercicio para comprobar la velocidad del sonido 

El sonido se desplaza a través del aire a una velocidad de 333 metros por segundo. Impresionante, ¿no? Para comprobarlo por medio de un método sencillo, realice el siguiente experimento: Dispare un pistoletazo y comience a correr a una velocidad de 340 metros por segundo. Frene repentinamente y poco después escuchará cómo llega el sonido hasta el sitio donde usted se encuentra. Con intervalos de descanso de un minuto, repita tres veces la carrera, cada vez a mayor velocidad. Notará la diferencia. ¡Vaya si la notará! 

Bibliografía 
– Beethoven, Ludwig van, ¿Qué?
– Durant, Will, Atila y las sordas bárbaras.
– Balmes, Luis, Préstale oído a la voz de la conciencia: es sorda.
– E. Sopo, A palabras necias, oídos sordos.
– Semse, Gregorio, ¿Cuál es el sentido de la audición?

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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