Sonata para piano núm. 12 en La bemol mayor Op. 26, “Marcha fúnebre” (1801)

Basta leer el programa de esta sonata para saber que el cambio seguía adelante,  porque el título completo del tercer movimiento del que procede su sobrenombre, Marcia funebre sulla morte d’un Eroe, habla a las claras del romanticismo, anticipando el héroe de la Tercera Sinfonía que lo inauguraría oficialmente dos años después.  Pero tampoco era usual abrir una sonata con un Andante, aunque el mismo Mozart ya lo había hecho en su Sonata nº 11, también con un Andante con variazioni como el que inicia ésta. Su tema, una marcha de una acogedora y ceremonial gravedad, recuerda en las primeras notas de su melodía a La leyenda del Rín del Das Knaben Wunderhorn de Mahler; las cinco variaciones que siguen son una deliciosa prueba de la habilidad de Beethoven en ese género, resultando muy llamativa la afectuosa serenidad que el conjunto desprende.

Encontrar luego un scherzo como segundo movimiento no sería tan raro si lo que luego siguiese no fuese de nuevo otro lento, la Marcha Fúnebre. Pero parece que Beethoven quería llegar pronto a ella, y para este puente que es el breve Scherzo: Allegro molto arregló el recién compuesto Menuetto de su Primera Sinfonía, con un trio más grave aquí.

Chopiniana Marcha fúnebre, aunque obviamente sería Chopin el Beethoveniano. En el segundo tema, el piano suena como una banda militar, con la mano izquierda haciendo los redobles de los tambores. Se comenta el paralelismo con la Marcha Fúnebre de la Eroica, pero esta apenas es una sombra de lo que pronto sería aquella.

Y el Allegro final es como un apresurado torrente que pronto se pierde a lo lejos en otra sorprendente conclusión.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Sonata para piano núm. 12 en La bemol mayor Op. 26, “Marcha fúnebre” (1801)

  1. Josep Olivé dijo:

    Curiosísima sonata, que supone un nuevo avance en la intensidad romántica de la carrera de Beethoven (y que según la teoría, un tanto anticuada, de establecer los tres períodos compositivos del maestro, supondría el inicio del segundo período de sus sonatas, el romántico, revolucionario y heroico). Chopin adoraba esta sonata (y hay que tener en cuenta que no eran muy de su agrado) y su sonata n.2 en si bemol menor posee la misma estructura i secuencia. Efectivamente, si comparamos ambas sonatas vemos que son muy parecidas en forma y fondo desde el scherzo hasta el finale, que en ambas es un perfecto y breve perpetuum mobile (y que Beethoven vuelve a acabarla en pianísimo, como ya nos ha regalado en anteriores sonatas, y que es una maravillosa manera de dejar al oyente en éxtasis), pasando por una marcha fúnebre de calado en ambas partituras. Solo el primer movimiento presenta diferencias notables, dado que Beethoven compuso un tema con variaciones (al igual que Mozart en su sonata K.331, la de la marcha turca en su allegretto final) y en cambio Chopin adopta la forma sonata. Esta sonata no solo impacto a Chopin, ya que Schubert fué otro de los “infectados”: el impromptu D935, op.142, n.2 presenta temas calcados en harmonia, registro, voces, i ritmo, la gran sonata en do menor D.958 presenta mimetismos en tonalidades en los adagios respectivos. En definitiva, sonata, la de Beethoven, extraordinaria, soberbia, genial!

    PD: Paul Lewis es, para mi, uno de los máximos representantes actuales de la música de Beethoven y Schubert. Schnabel, Kempf, Brendel….y Lewis. 🙂

    • José Luis dijo:

      Pues me habrá llegado en un dia tontorrón, pero la marcha funebre me promete más de lo que me da. Llámame Rocinante, pero salvo el Andante, esta sonata no me mata.
      Ya puestos: No olvida Ud al menos a uno de los pianistas que empiezan por S y acaban por V, obviamente rusos ambos dos?

      • Josep Olivé dijo:

        Si, si, si…tienes razón, podría incluir a Sokolov (y a Volodos y a Pollini), efectivamente, pero he citado aquellos en que su repertorio esta centrado mayormente en esa época romántica y en esos dos compositores. Y los que cito ahora tienen un repertorio bastante más amplio y, por supuesto, destacan en todos ellos.

        Muy frecuentemente hay que escuchar una determinada obra en más de una ocasión y de dos. Entonces pueden ocurrir dos cosas: que siga sin despertar interés (no se va a atascar ni hundir el mundo por ello ni Beethoven te lo va a reprochar) o bien que vayan apareciendo, por fin, las buenas vibraciones.

        PD: Creo que esta vez no se me ha colado ninguna “i”. Lo he repasado. 🙂

        • José Luis dijo:

          Lo probaré, pero la marcha que debiera revalorizar el conjunto, no me parece gran cosa. Otra cosa sería si la hubiese escuchado en 1801

          P.D. En la P.D. sólo una: La de ninguna. 😀 Pero aunque fuera suelta, no creo que nadie te lo reprochase. Y menos los patrulleros de la red, que estan por otras cosas.

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