La ranchera de Macario

Macario quería saciar su hambre ancestral con un pavo para él solo, pero hubo de optar por compartirlo con la muerte para que no se lo llevase con ella sin darle tiempo ni para catarlo. Y ella le recompensó dándole el poder de curar a los moribundos, siempre que contase con su beneplácito. Macario era un buen hombre y sus compatriotas le hicieron una rancherita que lo retrata con mucha gracia,

aunque para saber cómo concluyó su historia hay que ver hasta el final la hermosa película de Roberto Gavaldón.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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