El canto de las sirenas (LXVIII) – Beethoven, prestidigitador de emociones

Los momentos de meditación emotiva y cantabile que sirven de contraste a los gigantescos temas épicos y marciales conmueven con mayor facilidad al lego que al entendido, o al melómano espontáneo que al estudioso. Hay compases del primer movimiento de la Séptima sinfonía, y del primer movimiento de la Novena, que jamás pueden ser olvidados por la memoria del corazón.

Esos quiebros “demagógicos” del prestidigitador de emociones y corazones que es Beethoven parecen, quizá, superfluos al entendido. Por usar una lamentable expresión de Theodor Wiesengrund Adorno, empleada para la descripción del adagietto de la Quinta sinfonía mahleriana, en su monografia sobre Gustav Mahler, pueden considerarse “culinarios”. Provocan ese “calor de establo” con el cual definió la música en sus tradiciones clásicas y románticas el estirado, engreído -y bastante antipático- personaje de Thomas Mann (bien advertido por T. W. Adorno para su construcción) Adrian Leverkuhn.

Pero la música esta para ser entendida por la razón. Y esta, como la ciencia sufi, tambien es “ciencia del saboreo”, sin la cual la inteligencia no alcanza esponsales sensoriales y emotivos (como sucede en toda obra de arte).

Siempre producirá sobresalto, si el violinista acierta en el tempo justo, esa frase única en su concisión con la que se abre la Sonata para violín y piano, op. 96.

O siempre producirá noble y profunda emoción el tema primero con el que se inicia el Adagio de la Novena sinfonía, que luego es convenientemente variado; más hermosa frase, si cabe, que el remanso místico al que la deriva de las variaciones conduce. O el tema II de una serie nueva, entrecruzada, de variaciones.

¡Cuánta razón tenia Richard Wagner en su juicio sobre esa pieza sublime que es la Obertura de Leonora numero tres!

Una pieza de tal fuerza, vigor, dramatismo y capacidad argumental (tan convincente, tan hermosa) vuelve casi redundante la opera entera, salvados algunos pasajes memorables (como la escena final del primer acto con los prisioneros elevándose hasta respirar la luz y el aire de la libertad).

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a El canto de las sirenas (LXVIII) – Beethoven, prestidigitador de emociones

  1. Josep Olivé dijo:

    Cuántos ocho mil en un solo post!

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