Adagissimo

Tres graves adagissimos en un día de graves recuerdos, para el mundo por el atentado de las torres gemelas y para Cataluña por los hechos conmemorados en su fiesta nacional. El primero y menos conocido, el Cuis animas  del Stabat Mater de Vivaldi, el dolor por la muerte del hijo. No es dificil evocar con él nuestro propio dolor si se nos ha arrebatado a quien todavía no tocaba, como ocurre demasiado a menudo.

Cuius animam gementem / Su alma gimiente
Contristatam et dolentem / contristada y doliente
Pertransivit gladius. / una espada atravesó

El segundo, el Adagiosisimo del precioso Capricho sobre la lejanía del queridísimo hermano que Bach compuso con veinte años (o menos), llorando la partida de su hermano (o quizás de un amigo, como ya se comentó por aquí hace unos años). También todos tendremos hermanos o amigos más lejos de lo que nos gustaría, física y algunos también afectivamente. Sensible interpretación de un arreglo para dos guitarras, un instrumento particularmente dotado para la tristeza (pero que no supera al piano). Y cuánto recuerda al Lamento de Dido

Y el tercero, el inmenso Sehr langsam und noch zurückhaltend que cierra la Novena Sinfonía de Mahler, con el que no hemos de salir de nosotros mismos para experimentar a la vez el más opresivo dolor y el anhelo de lo inalcanzable. Porque con la cita a una de las Kindertotenlieder (Oft denk’ ich, sie sind nur ausgegangen, A menudo pienso que nos abandonaron), Mahler apuntaba hacia la muerte de su hija, pero el versó que anotó en la partitura era el último del poema, En las cumbres el día es hermoso.

A menudo pienso que sólo han salido,
Que pronto regresarán a casa.

Les alcanzaremos en las cumbres al atardecer
En las cumbres el día es hermoso

Su final, con la música desvaneciéndose en el silencio, fundiéndose con los sonidos de nuestra respiración y con los latidos de nuestros corazones y haciéndonos conscientes de ellos, es uno de los momentos más sobrecogedores de la historia de la música. Y poderlo ver reflejado en el rostro y los movimientos del queridísimo e inolvidable maestro Claudio Abbado, un auténtico privilegio. En momentos así, parece imposible que el hombre pueda ser también tan bárbaro y estúpido; tanto como para que pasen cosas como las que pasaron y pasarán en días como el de hoy.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Adagissimo

  1. Josep Olivé dijo:

    Pues mi granito…

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