Montaigne,  a mucha honra ®


Montaigne nunca pasa de moda. Su estilo, su libertad, su bondad y honestidad, su lucidez y la inteligencia que le hacen dudar más cuanto más sabe, explican que siga vigente. Hoy es curioso recordar que Los ensayos nacieron en un confinamiento, voluntario y cómodo, eso sí, pero un confinamiento de diez años durante los que el político y el hombre de acción se dedicó a  reflexionar desde la libertad, apoyándose en su experiencia vital y en sus lecturas. Su visión de la sociedad, claramente impregnada de su propia postura ante la vida,  sigue iluminando el actual panorama:

La  sujeción  y  la  obediencia  las  debemos  por  igual  a todos  los  reyes,  pues  concierne  a  su  oficio;  pero  la  estima, como  el  afecto,  los  debemos  sólo  a  su  virtud. Acordemos  al orden  político  soportarlos  con  paciencia  cuando  sean indignos,  ocultar  sus  vicios,  secundar  sus  acciones indiferentes  con  nuestra  alabanza  mientras  su  autoridad necesite  de nuestro  apoyo. Pero,  concluida  la  relación, no  es razonable rehusar a la justicia y a nuestra libertad la expresión de nuestros verdaderos  sentimientos, ni sobre  todo  rehusar a los buenos súbditos la gloria de haber servido con reverencia y fidelidad  a  un  amo  cuyas  imperfecciones  les  eran  tan  bien conocidas.

Las leyes mantienen su crédito no porque sean justas, sino porque son leyes.

Más  valdría  hacer que las leyes quieran lo que pueden, en vista de que no pueden lo  que  quieren.

Muchas veces es menos malo perder la viña que litigar por ella.

El Señor de la montaña podría hoy liderar intelectualmente una revolución que superase la mentira de los maniqueísmos y las etiquetas. Su obra estuvo en el índice, pero era políticamente conservador… aunque ¿por qué ese ”pero”?

“Montaigne es conservador porque ha comprobado hasta dónde pueden llegar el desafuero y la violencia cuando al ser humano se le mete en la cabeza que ha de cambiarlo todo para salvar a sus semejantes. Montaigne se ampara en los clásicos para afirmar que si alguien quiere cambiar el orden establecido debe antes demostrar que el orden que desea instaurar será mejor, y hacerse responsable de ello. Destruir es fácil, construir no tanto. Montaigne vive de cerca las guerras de religión, desencadenadas por la introducción del protestantismo en Francia, que él llama la «gran novedad» de su tiempo; a unos centenares de metros de su casa degüellan niños, violan muchachas, empalan hombres… Todo ello en aras del cambio, la reforma, la renovación, la salvación. En suma, ser conservador es su forma de conjurar todo radicalismo y fanatismo, y no le impide aspirar a que el ser humano y su mundo tan imperfecto se hagan mejores.”

Javier Yagüe Bosch, Doctor en filología hispánica y traductor de la edición de Los ensayos de Galaxia Gutenberg.

“El progreso es una noción ambigua: el arco y la flecha son un progreso, igual que lo es la bomba atómica. El conservadurismo no piensa en términos de progreso, pero es consciente de que siempre es más simple destruir que crear. Pretende que una tradición no es necesariamente mala porque sea antigua  y  heredada, y  que, en ocasiones,  es  mejor  mantenerla,  adaptándola, que  destruirla  sistemáticamente en  nombre del  progreso.  El progreso,  por ejemplo,  inventó  la  guillotina:  ¡todo  un símbolo! Es el instrumento con que nos desembarazamos de cabezas molestas, pero con ellas también se va toda la sabiduría y el saber que contienen.”

Roger Scruton, filósofo. Le Figaro.

“Rebeldía moral y respeto por la tradición” decía Argullol de Montaigne, una mezcla muy capaz de conducir al auténtico progreso, por más que la marca de progresista la ostenten otros, los que han ocupado el espacio moral que ha dejado libre la muerte del Dios de los mandamientos para arrogarse carta blanca prometiendo el paraíso y para acabar satisfaciendo ambiciones o patológicos imperativos personales: Siempre mirando al futuro, eso sí, porque el rastro histórico que han dejado fascistas y comunistas en nombre del progreso, es de miseria y muerte, y de eso, mejor olvidarse. Y de que Montaigne era conservador, y a mucha honra, también.

No creo que en nosotros haya tanta desdicha como vanidad, ni tanta malicia como sandez; no estamos tan llenos de mal como de inanidad; no somos tan miserables como viles.

 

® Hace diez años: Los ensayos

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Montaigne,  a mucha honra ®

  1. Josep Olivé dijo:

    Son tiempos estos en los que, cuanto más necesitamos de mentes como Montaigne, más las ignoramos. Y casi mejor, que por aquí no serían pocos los “progresistas” de manual* que lo tildarían de facha.
    (*) Manual del postureo, claro.

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