Suliko ®

Varinka Tsereteli

Aunque sea desconocido, también tienen autor las canciones tradicionales, si es que no autores, por los muchos que pueden haber intervenido en sus sucesivas transformaciones a la largo del tiempo. Pero, al margen de ser hoy anónimas, lo que más las define y explica es su sencillez y su proximidad con el gusto del pueblo, porque, en caso contrario no habrían sido aceptadas ni incorporadas a la vida social ni se habrían transmitido así de generación en generación. Con lo que, invirtiendo el camino, no es raro que una canción sencilla, bonita y fácil de asimilar pase por tradicional a la primera de cambios.

Eso es lo que sucede con Suliko, “Alma” en español, una preciosa canción muy popular en los países del este de Europa, que casi siempre aparece como tradicional cuando realmente tiene autores conocidos. La letra es de  un poema de Akaki Tsereteli (1840-1915) un prominente poeta y político nacionalista de Georgia, uno de los principales miembros de una famosa familia de nobles de ese país. Y la melodía, con acompañamiento de guitarra, la compuso en 1895 a instancia suya Varinka Tsereteli, de soltera Matchavariani, que comparte apellido al estar emparentada políticamente con él.

Estaba buscando la tumba de mi amor,
y de añoranza lloraba mi corazón.
Abrumado por tu desgracia, te llamé
¿Dónde estás, mi Sulikó?
Ví una rosa en el bosque
De la que el rocío caía como  lágrimas
En mi dolor grité : “Sulikó,
¿eres tú quien has florecido tan lejos?”
Las hojas se estremecieron sobre mí
y a través de los arbustos, sombríos y silenciosos
vibró el canto del ruiseñor,
como diciendo: “Soy yo”

Más de cuarenta años después de haber sido publicada, la canción conquistó Moscú con la etiqueta de tradicional georgiana. Parte de su éxito se debió quizás a lo mucho que la ponían en la radio y a (y quizás por) ser la favorita de Stalin. Puede que al dictador le recordase a su fallecida primera esposa, la única persona a quien realmente quiso, además de su madre, según su propia confesión. También a los tiranos más sanguinarios les pueden gustar los animales y los habrá que acarician a los niños incluso cuando no hay fotógrafos.

De forma nada sorprendente tampoco, Suliko se incorporó inmediatamente al repertorio de los coros del ejército rojo. Y luego de otros, como el de los chinos, que lo copian todo y también repiten que es tradicional (la canción y copiar)

Buscaba la tumba de mi amada
Pero no lograba  encontrarla
Languidecí y sufrí durante mucho tiempo
¿Dónde estás, mi Suliko?
Encontré una rosa en mi camino,
lejos ya en mis busquedas
La rosa, ten piedad de mí, escúchame
¿Tienes tú a mi Suliko?
La rosa se inclinó un poco
Abrió su botón de par en par
Mme susurró suavemente
No encontrarás a Suliko
A la sombra de fragantes rosas
Un ruiseñor cantaba sonoras canciones
Entonces le pregunté al ruiseñor
¿Le diste tú refugio a Suliko?
El ruiseñor se calló de repente,
Tocó ligeramente la rosa con su  pico
Encontraste lo que buscabas, dijo
Suliko duerme aquí el sueño eterno.

Esta otra letra, con más versos pero aún menos que el poema original, es traducción del francés traducido del ruso traducido del georgiano (es de suponer) y procede de una página franco-rusa que explica la historia de la canción y como Varinka Tsereteli reclamó y logró ser reconocida como su autora. Pese a lo cual, tras su fallecimiento siguió y sigue pasando por tradicional. O, aún más triste,  se atribuye al autor del arreglo o adaptación de turno, como es el caso del, por lo demás, delicioso trabajo de uno de los más importantes compositores georgianos, SulkhanTsintsadze (1925-1991) que nos descubrió a muchos la también georgiana violinista Lisa Batiashvili

Una delicia, arreglada a su vez por Tamas Batiashvili para su hija a partir de una de las Ocho miniaturas para cuarteto de cuerda basadas en canciones populares georgianas que Tsintsadze, muy amigo de este tipo de piezas, presentó en 1988, ignorando con ese epígrafe la autoría de su compatriota (como en los títulos y textos del disco se omite incluso ese origen y la pieza pasa a ser obra suya). En ausencia de otras explicaciones, cabe preguntarse si no habrían razones políticas para esa ocultación o si puede argumentarse que, a pesar de ser el encargo para un poema conocido y a pesar del fallo favorable de los sovieticos, Varinka Tsereteli se hubiese inspirado a su vez en una canción tradicional para poner música a los versos de Akaki Tsereteli.

En cualquier caso, qué bonita canción y qué bonito arreglo….

 

® Hace diez años: Una miniatura de Tsintsadze

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Suliko ®

  1. Josep Olivé dijo:

    Pues tiene todas las características de tradicional. Una canción preciosa, y todas las audiciones que aportas son bellísimas.

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