Beethoven: Sonata para piano núm. 22 en Fa mayor Op. 54 (1805)

Situada entre dos de las más grandes, la “Waldstein” y la “Appassionata”, con sólo dos movimientos y apenas doce minutos, sin dedicatoria ni apodo, la Sonata nº 22 es una obra desconcertante, entre juego, broma y ejercicio pianístico, que puede tomarse como una excentricidad o como una prueba de la libertad creativa de Beethoven. Empieza con lo que habitualmente sería un tercer movimiento, un Tempo di Menuetto ingenuamente lírico (que hace recordar el delicioso Minueto “Erase una vez” de la 20), pronto interrumpido por un agresivo segundo tema, como si un demonio hubiese despertado dentro del niño. Cuya inocencia, al final, resulta matizada por esa experiencia. El otro movimiento, Allegreto, [6:00] tiene un solo tema, si es que puede considerarse tema una atlética sucesión de carreras en un perpetuum mobile con cierto carácter entre bachiano y jazzístico (el de Keith Jarrett en Colonia). El demonio se ha apoderado del niño.

Pero Donald Tovey imagina un perro en vez de un demonio, y esta es de las ocasiones en que un punto de vista puede cambiar la apreciación de una pieza musical:

… toda la obra es profundamente humorística, con un humor más a cargo del compositor  que del personaje infantil retratado por la música. Se desconoce si Beethoven pensaba en alguna persona en concreto en relación con esta sonata; pero el material es muy de niños, o incluso de perros, y los que entienden a los niños y a los perros son quienes tienen más posibilidades de disfrutar de una lectura más adecuada de esta música; riendo con, pero no de su espíritu animal, siguiendo hasta la extenuación las infatigables persecuciones de sus juegos, sea la de su propia cola o la de algo más remoto y elusivo; y atendiendo dignamente al nostálgico cariño que tan insistentemente se muestra en el primer movimiento y también en la larga mirada hacia atrás del perpetuum mobile del final.

De modo que Sonata nº 22, “El niño y su perro”, si señor.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Beethoven: Sonata para piano núm. 22 en Fa mayor Op. 54 (1805)

  1. Josep Olivé dijo:

    Esta bien esto de los perros 😄. Me ha gustado. También lo del demonio apoderándose del niño 😂. Muchas veces cada uno encuentra en la música las diferentes percepciones como las que se encuentran en las formas de las nubes. Esta sonata es muy breve pero también muy exigente técnicamente, de manera que se requiere un notable virtuosismo por parte del interprete. El “perpetum mobile” es tan sugestivo, ciertamente angustioso y a la vez brillante que bien seguro el mismísimo Chopin lo tuvo muy en mente al componer el último movimiento de su sonata n.2. Y un gran acierto traer a Leif Ove Andsnes para interpretarla. Un gran pianista. Sí señor!

    PD: Disculpa las seguras faltas de ortografía. No tengo acceso al pc y escribo desde un achsrrito móvil, y no me es nada práctico.

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