¿A quién favorece realmente la pandemia?

Así favorece la pandemia a la extrema derecha

Lo llaman fatiga pandémica. Es este cansancio creciente que se extiende entre ciudadanos de las democracias europeas por una epidemia ante la que todos los esfuerzos parecen insuficientes.
Falta, en el más optimista de los escenarios, más de medio año para que las primeras vacunas lleguen en cantidades suficientes para inmunizar a un sector amplio de la población y empezar a recuperar algo parecido a la normalidad. Esto es una carrera de fondo, no un sprint, ya lo sabíamos. Pero no hemos llegado ni a la mitad y ya estamos agotados.
La fatiga pandémica crea un descontento que los partidos radicales intentan aprovechar
Esta fatiga no es inocua. Lleva al descontento, al desánimo, a cuestionar que son necesarias pero que se perciben como excesivas. A un rechazo que no se asocia a ninguna ideología ni a ningún colectivo concreto. Es una corriente en la que confluyen desde grupos antivacunas hasta profesionales de sectores económicos que se sienten perjudicados. O personas a las que simplemente les desagrada llevar mascarilla o que se resisten a renunciar al estilo de vida que tenían hasta el año pasado. Un colectivo amplio y desorganizado con motivaciones diversas.
También la extrema derecha, en España y en otros países, rechaza la actuación de los gobiernos contra la Covid-19. Se une a este descontento difuso y creciente, exacerbado por la fatiga pandémica, por los sacrificios que no cesan, por los daños económicos, por la distancia en las relaciones personales y por la falta de un horizonte de esperanza.
Es en Alemania donde la extrema derecha ha intentado aprovechar de manera más visible este descontento, de aglutinar a los que no se sienten representados por quienes gestionan la epidemia. Tras una manifestación contra la obligatoriedad de las mascarillas que reunió a 38.000 personas en Berlín el 29 de agosto, Annegret Kramp-Karrenbauer (presidenta de la CDU, el partido de Angela Merkel) criticó que la movilización fuera de “usada como propaganda nazi”. También Londres, París y otras ciudades alemanas han tenido manifestaciones similares, si bien menos multitudinarias.
En España, el líder de Vox, Santiago Abascal, afirmó ayer desde la tribuna del Congreso que su partido tiene la misión de “dar voz a los millones de españoles” que se sienten frustrados por la gestión de la pandemia. Es decir, atraer y cohesionar a los que desaprueban las medidas que se toman.
Quienes están de acuerdo con Abascal en esta cuestión no necesariamente son de extrema derecha. Votar a Vox en unas próximas elecciones sin compartir todo el ideario de Vox. Lo que comparten es el rechazo a la situación actual.
El secretari de Salut Pública de la Generalitat, Josep Maria Argimon, ya advirtió la semana pasada que “psicológicamente estamos agotados”, que “este agotamiento puede convertirse en crispación” y que “la crispación es caldo de cultivo para la extrema derecha”.
Como epidemiólogo, Argimon sabe que no hay soluciones fáciles para problemas complejos. No hay antídoto mágico contra la fatiga para reanimar a los que se rinden antes de llegar a la meta. La solución, si la hay, pasa por explicar bien a los ciudadanos por qué se toman las decisiones que se toman. En ser transparente con los datos. En recordar que la gran lección de marzo es que hubiéramos debido actuar antes de que la situación fuera catastrófica. Y en hacer ver a los ciudadanos que lo que hacen tiene un sentido.
Josep Corbella. La Vanguardia, 22/10/2020

 

Para hacer ver a los ciudadanos que lo que hacen sus dirigentes tiene un sentido, primero debe tenerlo, y segundo, debe ser presentable. Y sobran razones para pensar que no se da siempre ni lo uno ni aún menos lo otro.  

Pero antes que eso: Si “la fatiga pandémica crea un descontento que los partidos radicales intentan aprovechar”, el títular principal debiera ser “Así favorece la pandemia a la extrema derecha y a la extrema izquierda”. Y no es difícil imaginar lo que estaría haciendo la nuestra si no estuviese instalada en el poder. Ni lo bien que les vendría una España arrasada, en la que muchos cambiarían la democracia y hasta la libertad por un trozo de pan, algo que a este paso vendrá, si no se entiende que hoy la lucha real no es entre la izquierda y la derecha, sino entre demócratas y populistas. Y para los ciudadanos, entre vivir y malvivir, cuando no entre vivir y morir. Porque, efectivamente, el rio revuelto favorece a los partidos radicales pero finalmente se nos puede llevar por delante a todos.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a ¿A quién favorece realmente la pandemia?

  1. Josep Olivé dijo:

    Completamente de acuerdo en tu comentario del artículo de Corbella, artículo que esta francamente bien pero que patina groseramente en no meter en el mismo saco a la extrema izquierda y negacionistas. Pero ya se sabe, siempre ha sido políticamente incorrecto meterse con radicales de izquierda. Parece ser que la historia los avala. Y si estos además son “indepes” ni te cuento.

    • José Luis dijo:

      La historia les avala… lo que les avala. La verdad es que, como dices, es muy grosera la omisión. Y cuestiona la libertad intelectual del autor.

      P.S. Tambien hay negacionistas en la extrema izquierda. Solo que niegan otras cosas tan evidentes como las que niegan los de la extrema derecha. Se parecen como dos gotas de agua, perdonavidas más listos que nadie y matones de bar.

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