Beethoven: Sonata para piano núm. 25 en sol mayor Op. 79 (1809)

¿Una sonata bien humorada, ligera y hasta sencilla podría ser de Beethoven? Pues no parece muy probable, pero así es su nº 25, una pequeña joya en la que Beethoven sigue siendo reconocible a pesar de la moderación de las emociones que suscita. Aunque no pequeña sino pequeñísima joya, la más breve de todas si exceptuamos las que no tienen más que dos movimientos, porque esta, que no pasa de diez minutos, tiene tres.

El primero, es el optimista pero no eufórico Presto alla tedesca, en el que se empiezan a oir una pareja de notas [00:47] que recorrerán toda la pieza y que han llevado a titularla “El cucú” (los sobrenombres de las composiciones musicales darían para un libro), además de “Sonatina” por su brevedad y “Sonata fácil” porque debe serlo. Para rubricar su buen humor, Beethoven juega al final con unos acordes disonantes, antes de salir por el foro.

En la misma línea, el delicioso Andante es muy tranquilo pero sin ser triste sino sereno y bucólico, como el sueño en una Arcadia feliz. Y, aunque no alcanza tres minutos, transmite una intensa sensación de paz.

Y, en buena armonía, el Vivace final es la alegría, juvenil y fresca pero contenida y sencilla como todo en esta amabilísima y tres  veces buena sonata.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Beethoven: Sonata para piano núm. 25 en sol mayor Op. 79 (1809)

  1. Josep Olivé dijo:

    Un Beethoven tranquilo y una maravillosa sonata. No es una sonata menor. Que Beethoven deje de lado su lado heroico o arrebatadoramente apasionado no lo hace menor, simplemente es la constatación de que su genio puede navegar por distintas emociones humanas describiéndolas musicalmente. Y si ese día fue para él placentero, de buen tiempo y humor pues eso que nos transmitió en su composición. Y así, el primer movimiento suena lleno de fuerza contenida y alegría, con ritmo ligero y a la vez trepidante, basado en un estilo de vals austriaco o alemán (un länder, por ejemplo) y de ahí su denominación “presto a la tedesca”, que también usó en el cuarteto op.130. El segundo movimiento viene a ser una maravillosa romanza sin palabras (bellísima como una de las tuyas Félix, a ritmo de barcarola) y en el tercer movimiento estaba el hombre tan lleno de humor que se puso a ejercitar con los dedos, finalizando el ejercicio con una de sus codas huidizas, uno de esos finales sigilosos y serenos que ya nos ha regalado en sonatas anteriores. Resumiendo: una maravilla…dos veces buena!

    • José Luis dijo:

      En realidad, seis veces buena, dos por cada movimiento. Por lo demás, como ya es habitual, tu comentario debiera estar arriba, en la entrada.

      Me encantan esos finales, tambien el primer movimiento acaba así de “sigilosamente”

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