Sobre la vacuna

 

95 por ciento. La competencia, 90
Pero la suya se conserva a temperaturas menos bajas
Está todo previsto.
¿Y esa que sacan mucho más barata?
Menos eficaz, 75 por ciento
Para cortar epidemias ya vale. Y depende de la dósis, están mirando aun
Bueno, habrá para todos
 Hasta para los chinos, que parece que la suya también funciona

Ya hay guerra comercial con la vacuna del coronavirus, buenísima noticia. Pronto se descartaran las peores o las menos buenas y aún quedarán varias con diferencias menores, más o menos preferibles según circunstancias que los laboratorios se encargarán de publicitar por lo mucho que les va en el envite. Y al final, el tiempo dirá cuál o cuáles son las más eficientes. Su seguridad, como era más que previsible especialmente con las basadas en m-RNA, es máxima en todas, y de causar algún daño relevante, no será por la propia  vacuna sino por incidentes relacionados con su conservación o administración o, en el caso de las que emplean adenovirus, por alguna rarísima respuesta individual anómala ante ese virus, no ante el fragmento del covi que incorporan, respuesta que también podría presentarse de modo natural. De hecho, las reacciones que se han observado, inflamación en el punto de inyección, fiebre, agotamiento y dolor de cabeza, son efectos más o menos incómodos pero lógicos  y hasta deseables, en la medida en que son la señal de que el organismo está reaccionando ante ese absolutamente inofensivo (absolutamente incapaz de multiplicarse) fragmento del caparazón del coronavirus que ha reconocido como extraño y que le llevará a saber reconocerlo y eliminarlo inmediatamente el día que llegue de verdad y pretenda invadirle.

Sin embargo, más de uno enfermará gravemente y hasta morirá en los días posteriores a la vacunación, como uno de cada 365 fallecimientos coincidiría con el día de la vacuna si la recibiesemos todos. De igual modo que durante los ensayos, algún vacunado ha enfermado de gravedad… también habiendo recibido un placebo, una vacuna que solo era agua con sal. Habrá que ver si los medios de comunicación están a la altura y atienden a la denostada ciencia estadística.

Otra cosa es que no sea obligatoria, algo cuando menos discutible siendo el problema mucho más social que individual. Puede que fuera incluso contraproducente pretender obligar, pero este exquisito respeto a ciertas libertades tiene algo de decadente. Al niño no se le deja de dar el jarabe porque no le guste, pero se consiente el rechazo de un adulto a ser vacunado, a protegerse y proteger así a todos, por un temor, comprensible en la sociedad de la desconfianza en que estamos instalados, pero que no tiene ningún fundamento.  De hecho, ya se está consintiendo que muchos padres no quieran que se vacune a sus hijos, pero se les obliga a ponerles cinturón de seguridad y acabarían en prisión si permitieran que su hijo se paseara jugando por el alfeizar de la ventana. Cuando la realidad es que los efectos secundarios más frecuentes y graves de las vacunas son los derivados de no ponérselas. Y la mejor vacuna es la que se pone.

Dos argumentos para la lucha, porque en esto hay que ser beligerante, escuchados esta misma mañana al presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amós  Garcia: ¿De verdad alguien en su sano juicio cree que las autoridades sanitarias van a autorizar una vacuna que tenga efectos secundarios importantes? Y, en todo caso, ¿Qué alternativa tenemos? ¿Esperar sentados a que el virus nos arruine y mate a todos?

De modo que, dígaselo a sus vecinos, a vacunarse todos con la que sea en cuanto podamos, que va siendo hora de echar un mus. Y de paso, aproveche para comentarles que, nos permitan las autoridades lo que nos permitan, Navidades va a haber muchas… si aguantamos hasta que llegue la vacuna.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Sobre la vacuna

  1. Josep Olivé dijo:

    En cuanto me llamen me la pongan. Y debería ser obligatoria. El texto de este post debería ser publicado en todos los periódicos y leído en medios de comunicación. No acabaría con la tontería (o mejor dicho, irresponsabilidad) negacionista contra las vacunas pero seguro que ayudaría a tomar conciencia crítica respecto de lo que nos estamos jugando: un futuro sin covid.

    • José Luis dijo:

      Bueno, tu y yo, de momento, a convencer a un par de indecisos (los negacionistas son irreductibles por definición), que siempre he creido mucho en las progresiones geométricas 😛
      El futuro será sin covid, o con un covid no más problemático que la gripe. Lo malo es que quizás será también sin el poder económico que hemos tenido. O que aparezca otro peor.

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