Beethoven: Sonata para piano núm. 30 en mi mayor Op. 109 (1820)

Con la sonata nº 30, se entra en otra dimensión. Compuesta en 1820, dos años después de la “Hammerklavier”, es la primera de las llamadas sonatas “tardías o últimas sonatas”, op. 109, 110 y 111; nºs. 30, 31 y 32, un glorioso trío nunca superado. En las tres, el centro de gravedad se desplaza hacia el último movimiento, y en las tres encontramos notables contrastes, utilización de variaciones, fugas y cánones y temas chopinianos por su textura y embellecimiento, así como osados y visionarios ritmos. Pero es cierto que la musicalidad ya había cambiado con el presagio que es la nº 27 y desde luego en la 28, por lo que, a pesar de la distancia que las separa en el tiempo, muchos expertos incluyen las cinco o seis últimas en un mismo grupo.

La sonata nº 30 es contemporánea de la Missa Solemnis, con la que tiene similitudes expresivas y de forma. De carácter íntimo, sin que eso signifique que carezca de enérgicos contrastes, es ya de las visionarias, profunda y misteriosa, con escalas, arpegios, variaciones, fugas, cánones, trinos, ornamentos, ostinatos, trémolos, polifonía…  

Parece ser que Beethoven quería hacer una sonata de corta duración, de solo dos movimientos, pero el editor le animó a añadir un primer movimiento que no tenía previsto. Este breve primer movimiento mantiene la forma sonata, pero la reexposición de su primer tema es cortísimo. Luego conecta con el segundo movimiento [4:01] sin solución de continuidad.

El tercer movimiento [06:45], compuesto por un tema casi chopiniano y seis variaciones (que en principio iban a ser nueve buscando menor contraste entre algunas de las consecutivas) es absolutamente sublime, con un pianísimo final maravilloso.  La última variación [17:18], serenísima y relajante, está en el mismo tempo que el tema de partida, y retoma su melodía, de forma cautivadora. Algunos estudiosos relacionan dicha melodía con el único ciclo de canciones que compuso Beethoven, An die ferne Geliebte, (“A la amada lejana”). La sonata está dedicada a Maximilliane, hija de Antonie Brentano, la más que probable “amada inmortal” del compositor.

Josep Olivé

 

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Las apariencias no engañan
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5 respuestas a Beethoven: Sonata para piano núm. 30 en mi mayor Op. 109 (1820)

  1. José Luis dijo:

    Hasta que no situas a Beethoven en el tiempo no empiezas a comprender lo que supuso en la historia de la música. Y me parece a mí que, en ese sentido, como innovador trascendental, no ha habido nadie como el.

  2. Josep Olivé dijo:

    Así es. Y su música evolucionó constantemente. Hay una progresión hacia adelante, hacia el futuro, continua, imparable. Beethoven nunca se acomoda ni se duerme en sus grandes éxitos, y ni una enfermedad devastadora para un músico como la sordera pudo con él. Seguir la evolución de sus cuartetos y sonatas es la mejor manera de percibir cómo su milagroso arte constituyó una herramienta de superación de su propio genio. Ya lo dijo Haydn al escuchar la tercera sinfonía: “Everything is different, from today”….y estábamos en el comienzo.

    1:17:45

    https://anchaesmicasa.wordpress.com/2015/12/16/eroica/

  3. José Luis dijo:

    Los Razumovsky son de una modernidad absoluta. En su tiempo tuvieron que ser bastante incomprendidos. En algún movimiento percibo cierto eco español, ¿resonancias de los fandangos de Boccherini y Scarlatti? ¡Beethoven y España!

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