La confianza

Nunca como en la tremenda historia que estamos viviendo hubiera sido más necesario y benéfico un líder político que generase confianza. Y que en vez de mentir y leernos frases huecas nos hubiese hablado desde el principio con sinceridad, mirándonos a los ojos desde su propia fragilidad ante lo que se nos venía encima. Pero para eso hay que tener convicciones. Y ser y saberse honesto.

Dicen que para ser rico sólo hay que quererlo, pero sólo hay que querer eso: Ni descanso, ni placeres, ni amores, ni amigos, ni dormir con la conciencia tranquila.  Y de lo que no cabe duda es de que este autoproclamado resiliente, quería ser presidente al precio que fuera. Por cierto, mira que maltratan la lengua por hacerse los originales. A aquel otro le dio por el talante, como si el modo de hacer algo fuese siempre el bueno y no existiese también el mal talante. Y hace bien poco, una ministra se sumaba diciendo que había que tener actitud, así, actitud a secas. Este de ahora confunde su tozudez monomaníaca con la capacidad para superar grandes males sin mayores daños, que eso es la resiliencia, la de los que han llegado a vivir felizmente tras infancias absolutamente trágicas de abandono y malos tratos. Este, como buen ignorante, es atrevido y terco pero no resiliente, a menos que no llegar a ser presidente de gobierno sea una desgracia mayúscula y todos seamos por tanto desgraciados, que ahora lo estamos siendo un poco más, pero no por no ser presidentes, sino porque lo es él.

Y él se aferra a las pocas cosas que le medio caben en una cabeza no demasiado bien amueblada salvo en lo relativo a su único objetivo. Una de esas pocas cosas seguramente es que al socialismo moderado le estaba yendo muy mal en Europa, de modo que, en la duda, ya sabía para donde tirar. Sin embargo, si no fuese también muy justito, si hubiese tenido un mínimo de lucidez y de visión histórica, o incluso sólo con haber sido alguien básicamente honesto, hubiera aprovechado la crisis de la covid para convertirse en un autentico líder, en el líder en el que necesitaba poder confiar la inmensa mayoría que reclamaba una tregua en la lucha de partidos y quería la unión ante una situación angustiosa, el pueblo que necesitaba y hubiera agradecido más que nunca una acción decidida en ese sentido. Pero nuestro perseverante no da para tanto y aplica la receta que conoce para cocinar el único plato que le interesa, aunque con ella ahonde la división y abone el descrédito de la política preparando el terreno para dictaduras aún más francas que la que está tratando de construir a hombros de esta tragedia. Sin la menor vergüenza, porque él quiere lo que quiere y nada más.

Hemos tenido suerte en que la covid haya surgido ahora y no hace veinte o treinta años, cuando no había tecnología para descifrar el código genético del virus, diagnosticarlo con rapidez y seguridad en portadores aparentemente sanos y no digamos ya elaborar una vacuna en nueve meses. Pero esa suerte nos ha faltado a los españoles con nuestro amado líder. Ninguno peor en la historia reciente, ninguno peor entre nuestros vecinos, algunos tan envidiables como Marcelo Rebelo de Sousa o Angela Merkel. Porque el nuestro no es ni de derechas ni de izquierdas, el nuestro es un pobre muñeco vanidoso y vacío. Y lo que va a dejar a los futuros españolitos que vengan al mundo no van a ser dos Españas sino un erial. O medio.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a La confianza

  1. Josep Olivé dijo:

    «…la inmensa mayoría reclamaba una tregua en la lucha de partidos, y quería la unión ante una situación angustiosa…»…

    Entiendo entre partidos de polos ideológicos opuestos. Partiendo de esta premisa, a este país aún le falta demasiada cultura política. Cuarenta años de democracia aún no han sido suficientes para que, ante una calamidad como la pandemia del covid, los principales partidos no hayan dejado de lado sus irascibles, históricos y recíprocos odios. Es más, creo que vamos hacia atrás, que la situación empeora día a día. Cómo es posible que este país haya gestado unos Pactos de la Moncloa ante una situación política y económica extremadamente compleja hace cuarenta años y sea incapaz ahora de nada que se le parezca? Y es cierto, la inmensa mayoría reclamaba esa tregua, cierto. Lo que ocurre es que los partidos no actúan para esa inmensa mayoría, sino para su inmensa minoría, y en esa inmensa minoría residen todos los odios ancestrales, esa imposibilidad biológica de salir de una crisis juntos, ese odio profundo arraigado durante tantos años. Y desgraciadamente, son esas inmensas minorías las que mandan en los partidos. Ya se ha constatado. La clarividente visión de Antonio Machado de nuestra manera de entender la política no solo se enquista sino que se perpetua. Acaso las bases del PSOE hubieran tragado un gobierno con el PP? Acaso las bases del PP hubieran tragado lo mismo? Sí, efectivamente, era lo razonable para la inmensa mayoría, pero no para el actual presidente del gobierno que ha optado por lo más fácil: contentar a sus bases pactando con quién ha pactado. Y donde dije digo…pues digo que hay pastillas a manta para dormir placenteramente todas las noches.

    • José Luis dijo:

      «Lo que ocurre es que los partidos no actúan para esa inmensa mayoría, sino para su inmensa minoría, y en esa inmensa minoría residen todos los odios ancestrales, esa imposibilidad biológica de salir de una crisis juntos, ese odio profundo arraigado durante tantos años. »

      Exacto. Aunque no sólo odio ni siquiera principalmente odio, también y seguramente antes intereses mucho más pequeños e inmediatos, léase mi puesto de trabajo. En todo caso, gobierno del partido para el partido.

      Con todo, la amenaza era tan descomunal, tan unica y nueva que, acabe como acabe, no comprendo que nadie pudiera seguir en su batallita personal. Es de una miseria y una ceguera inexplicable. Bueno, en realidad lamentablemente explicable. Pero no te acabas de acostumbrar.

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