Doce menos, Sam

Durante la mayor parte de la historia de la música clásica occidental, el tempo, la velocidad de la música, no se especificaba, ya que se consideraba obvio desde el contexto musical. Sólo en 1815, Maelzel patentó el metrónomo. Beethoven lo adoptó con de inmediato con entusiasmo, tanto como para agregar indicaciones de tempo a sus ocho sinfonías ya publicadas. Sin embargo, estas indicaciones todavía están en disputa, ya que muchos músicos las consideran demasiado rápidas para tocar e incluso poco musicales, mientras que otros las reclaman como la voluntad supuestamente escrita por Beethoven. En este trabajo, desarrollamos una metodología para extraer y analizar los tempos de las interpretaciones de 36 grabaciones sinfónicas completas por diferentes directores. Nuestros resultados muestran que las elecciones de tempo del director revelan una desviación sistemática de las indicaciones de Beethoven, lo que destaca la prominencia del “tempo correcto” como un fenómeno perceptivo moldeado por el contexto cultural. La naturaleza acelerada de esas indicaciones podría explicarse por el ambiguo punto de lectura de la escala del metrónomo, que Beethoven probablemente malinterpretó.

Almudena Martínez Castro e Iñaki Úcar. Conductors’ tempo choices shed light over Beethoven’s metronome (Abstract). Plos One, 16/12/2020

Del metrónomo de Beethoven se suele saber a raíz del Allegretto scherzando de su Octava Sinfonia. Se cuenta que el inventor del aparato, un curioso amigo de Beethoven llamado Johan Mäzel, que alternaba la ciencia con la superchería, le habló de él durante una fiesta. A Beethoven le hizo gracia el invento e inmediatamente se puso a tararear una canción basada en el tac-tac del aparato de que hablaba su amigo: Si improvisó la melodía o la tenía ya pensada para la Octava que estaba componiendo, y si la historia es o no verdadera, no se sabe con certeza. De hecho, Maelzel no registró el metrónomo hasta que se completó la Octava Sinfonía pero lo que sí es cierto, es que un tac-tac como el de ese aparato se escucha en el acompañamiento de su gracioso (y precioso) segundo movimiento.

Y lo que también es cierto es que Beethoven, después de haber despotricado contra cualquier técnica que alterase el espíritu del romanticismo, abrazó el invento que le permitía superar esas ambigüedades de los “allegro ma non troppo” y los “andante moderato” y puso tempo metronómico a mucho de lo que había escrito.

Pero resulta que nadie siguió ni ha logrado seguir esas nuevas indicaciones. A la mayoría de los músicos no les gusta, les parece demasiado rápido, desagradable o imposible de tocar. Y se ha supuesto que algo andaba mal, o en el oído de Beethoven, o en su alma de aquellos años finales, o, más probablemente, en el metrónomo: El invento (atribuido) a Maelzel (registrado por él pero obra de un compatriota llamado Dietrich Nikolaus Windel) estaría estropeado.

Con el historicismo se reavivó la polémica. Las orquestaciones más ligeras con instrumentos de época y algo más rápidas sorprendieron agradablemente a muchos, pero llegar a los tempos anotados por Beethoven, o era prácticamente imposible o no resultaba satisfactorio más que en algunos movimientos.

También cabe que Beethoven exagerase conscientemente para compensar la tendencia perezosa de los intérpretes, pero lo más aceptado es que su metrónomo no funcionaba bien. Y la joven pareja de jóvenes músicos y a la vez científicos españoles (pianista-física y clarinetista-ingeniero de datos) que hicieron pública su respuesta al problema coincidiendo con el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, empezaron a explorar esa posibilidad, construyendo un modelo matemático del metrónomo de Maelzel. Pero por mucho que intentaron alterarlo simulando roces, alteraciones en el peso deslizante, falta de lubricante o inclinaciones del aparato, nada cuadraba y un fallo que lo enlenteciera algunos pulsos en un tempo rápido llegaba a pararlo en uno muy lento. No lograban sustentar la teoría del fallo del metrónomo.

Paralelamente, empezaron a estudiar lo que decía el “saber de la mayoría” (wisdom of the crowd), que en este caso, si no es exactamente el sentido común, si puede entenderse como el sentir común. “Nuestra idea es que la ‘sabiduría de la mayoría’ es capaz de revelar el “tempo correcto”, simplemente porque la música pide ese ‘tempo’, porque su propio lenguaje, implica cierta velocidad”, explicaba Almudena M. Castro. Desarrollaron entonces un software para medir  los tempos y analizaron los de 36 versiones de las nueve sinfonías. Y obtuvieron dos grupos: el de los historicistas que, aun tratando de seguir fielmente a Beethoven, se quedaban entre 6 y 8 pulsos por debajo de lo que pedían sus anotaciones, y el mayoritario resto que, de promedio y con poca dispersión, iban en torno a 12 o 13 pulsos más despacio. ¿La sabiduría de la mayoría discrepaba del  genio?

En estas, una ya conocida anotación en una página de la partitura de la Novena, resultó tan reveladora para ellos como como la manzana para Newton:

108 o 120 Maelzel. Beethoven dudaba entre dos tempos separados por doce pulsos. Doce pulsos como los que separan el sentir común del suyo, pero, sobre todo, los mismos doce pulsos de diferencia que hay entre la lectura que da el peso deslizante si se toma en su parte inferior o en la superior.

La conclusión era evidente. En 1982, un investigador llamado Peter Stadlen ya había observado que el “108 o 120” de la partitura, coincidiendo con lo que marcaban los dos extremos de la pesa de su metrónomo, podía indicar que “Beethoven no estaba seguro de qué extremo indicaba el valor relevante” Pero pensó que se trataba de una confusión puntual, y dejó el asunto. Ahora, coincidiendo además con la opción de la “sabiduría de la mayoría”, es razonable pensar que anotaba siempre lo indicado por el extremo inferior, un error facilitado por el aspecto de punta de flecha que tenía su metrónomo. Y con la novena expresó una duda que, esto es pura especulación ajena a estos jóvenes tan listos y rigurosos, a la vez puede tomarse como una forma de asegurarse de que le entendieran bien: 108 o 120, según por donde se mire.

No es un mal regalo de cumpleaños para Beethoven, porque más probable parece que esta teoría sea vera que solo ben trovata. Tiene el aroma de los descubrimientos acertados, los que revelan lo que estaba ante los ojos de todos. Pero fortalece además el valor como herramienta del “saber de la mayoría” (de la mayoría de expertos en el asunto en cuestión, se sobreentiende), pone también en solfa a los puristas acérrimos y sobre todo, refuerza el acierto de interpretar tal como cada cual sienta y crea más adecuado, porque de eso se trata, de interpretar. Aunque de momento y como punto de partida, doce menos, Sam.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Doce menos, Sam

  1. Josep Olivé dijo:

    Muy interesante post! Precisamente en la peli que he visto esta tarde (“Seven”), muy al principio aparece un precioso metrónomo. Bueno, a lo que iba. Más que plausible la explicación que nos ofreces acerca del enigma de los rapidísimos tiempos que Beethoven estableció para sus sinfonías. Y es verdad, por una parte la posteridad romántica ralentizó en demasía sus interpretaciones, y los historicistas las aceleró, también en demasía. Como casi siempre en la vida lo más probable (y tal vez lo mejor) esta justo en medio. Lo que efectivamente creo imposible es que un genio como Beethoven impusiera algo que iba en detrimento de la buena percepción de su obra, y el hecho de que pudiera no conocer con rigor el funcionamiento del aparato da idea de que le parecía más una curiosidad digna de ser tenida en cuenta para establecer aproximadamente sus tempos que un referente absoluto temporal. Lo que pasa es que lo programaba mal. Riccardo Chailly es director no historicista pero un gran amante/predicador de las versiones originales (se ha metido es estos vericuetos hasta en su casa actual, La Scala de Milán), cuando estuvo al frente de la Gewandhaus de Leipzig grabó la integral sinfónica de Beethoven en unos tiempos rápidos, bastante más de lo que normalmente estamos acostumbrados y siempre he creído que reflejan ese justo punto medio. Suenan francamente muy bien y es una integral de referencia absoluta. Beethoven andaba por ahí, muy cerca. Casi seguro.

    • José Luis dijo:

      Sería interesante saber si esa quinta está 12 por debajo de la anotación… En todo caso, la zona media puede llegar a ser muy amplia, y en esa zona, que cada cual lo haga segun sienta.

  2. Josep Olivé dijo:

    Es que no puedo, no puedo…

    Bueno, Salvador, ya te consta, no?…Vaya, vaya, los españolitos debemos esperar a que te conste…Y parece ser que para que te conste esperas a que…a que…a que…te conste. Ahora entiendo por qué eres ministro, y de sanidad. Me callo porque tu fiscala general, en lugar de querellarse contra ti lo haría contra mí.

    • José Luis dijo:

      Pues habrá que ir haciéndose a la idea, pero no te extrañe verle como español del año, al lado de Don Simón. En todo caso, mañana empieza la vacuna y el fin de esta pesadilla. Un alivio.

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