El canto de las sirenas (LIII) – Fugas y adagios en el último período de Beethoven

[La forma fugada] aparece ya en forma grandiosa en el último movimiento de la sonata Hammerklavier. Este, lo mismo que el adagio que le antecede (inmenso en extensión e intensidad), constituye una pieza altamente experimental. Allí  es donde Beethoven estrena, quizá, los rasgos de su estilo tardío, que en ulteriores sonatas y en los cuartetos finales brotará de manera fluida y espontanea, de modo que el arsenal de ideas musicales que se agolpan por aflorar en el discurso, halle, de manera inmediata, la forma que les es adecuada; para ser sustituidas, de modo vertiginoso, por renovadas síntesis, igualmente logradas, de esencia y forma, que relevan y sustituyen las anteriores, en un prodigioso tour de forcé de creatividad en torbellino del que no hay quizá precedente ni consecuente comparable en toda la historia de la música.

Pero en esa peculiar sonata Hammerklavier todo parece costar esfuerzo, sudor y lágrimas para encontrar la forma propia, que sin embargo, tanto en el adagio como en el finale fugado, termina por descubrirse. Pero al precio de tremendas vacilaciones debidas a la gran debilidad de todo el periodo medio o “heroico” de Ludwig van Beethoven: su incapacidad para plasmar movimientos lentos, largos o adagios, verdaderamente convincentes, lo que le conducía a veces a reducirlos a la mínima expresión, o a sustituir el movimiento lento por formas que le eran más fáciles de resolver, de carácter scherzando: allegretti o andantinos como los que se encuentran en el Cuarteto Razumovsky n.° 2, o en las sinfonías Séptima y Octava. En ese periodo medio sus adagio molto espressivo, que suplían su vaciedad con una enunciación demasiado enfática y ampulosa, no eran nada convincentes. Pero desde este grandioso adagio de la sonata Hammerklavier, cierto que extraído con forceps, parece inaugurarse un periodo final caracterizado por la expresividad sublime de los movimientos lentos.

La nobleza y el misticismo del doble tema con variaciones del adagio de la Novena sinfonía constituyen la prueba.

Lo mismo que la desconsolada hermosura, verdadero valle de lagrimas, de la cavatina del Cuarteto n.° 13, op. 130. O los adagios y andantes que ensayan temas con variaciones en el centro nuclear de los cuartetos Opus 12.7, Opus 130 y Opus 1 3 1 , o en el Opus 133.

Inclusive debe contabilizarse en esta sucesión de obras maestras la gran proeza con que se inaugura, del modo más dramático y expresivo, el mejor de todos los grandes cuartetos finales, el Opus 131 . ¡Con una fuga lentísima, en adagio!

De manera inesperada se asume la fuga para una función nueva e inédita: para iniciar, a modo de extraordinaria aventura, el más innovador de todos los cuartetos; el que busca y encuentra al fin un orden y una organización nueva y distinta, a años luz del esquema habitual de los cuatro movimientos canónicos: una sucesión en forma de rizoma de movimientos encadenados a través de los cuales fulguran episodios autónomos, como en el Andante con variaciones [10:27], que de pronto trae consigo, como si fuese una variación póstuma de su marcado y enfatizado ritmo que el arco golpea desde el principio, un scherzo soleado y lleno de brío [23:10].

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

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Las apariencias no engañan
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4 respuestas a El canto de las sirenas (LIII) – Fugas y adagios en el último período de Beethoven

  1. Josep Olivé dijo:

    Uff…aquí hay mucha leña que cortar. Veamos. Es cierto que algunos adagios de la época intermedia de Beethoven parecen nerviosos, con cierta dificultad para contener una combustión interna imparable. Cierto. Eso hacía que de adagio pasaran a ser o bien larghettos o bien andantes con moto. Ejemplos célebres son el andante con moto de la quinta, el andante con mosso de la sexta y el larghetto de la séptima. Y si se me apura hasta la marcha fúnebre de la tercera, un adagio assai, explota en un intensísimo pasaje fugado de impresionante fuerza y emotividad. Pero es que hasta en geniales gestionadores de adagios como Bruckner y Mahler también, también se “encabritan” de lo lindo en algunos de ellos. Y aunque en sus sinfonías (las de Beethoven) hay que dar un salto desde el adagio elegante, plácido y moroso de su cuarta hasta el maravilloso adagio de la novena, no veo tan claro lo que dice Trias acerca de que Beethoven no encontró el justo punto de cocción a los adagios hasta en su última época, innovadora, catárquica y visionaria de su creación musical. El adagio de la tercera (su marcha fúnebre), es ya un adagio con todas sus letras bien puestas y recientemente en esta casa se han repasado sus sonatas y vamos, tenemos adagios deslumbrantes ya en la op.2/3, op.7, op.10/1 y 3, op.13, op.22, op.22, op.26, op.31/1 y 2 y el brevísimo de la op.53. Claro, lo que viene después es ya para dar de comer aparte. La música de sus últimas sonatas y cuartetos ya es que no son solo los adagios, es que es un todo que no encajaba en su época porque lo que parió ese hombre no tiene parangón, como tan certeramente cita Trías. El apocalíptico adagio de la Hammerklavier, el elegíaco del cuarteto op.131 y la maravillosa cavatina del op.130 son ejemplos cuya belleza no puede expresarse con palabras, simplemente hay que apagar el móvil, cerrar los ojos y escuchar. Y no quiero ser quisquilloso ni tiquismiquis, estoy bastante de acuerdo con Trías, pero solo quería decir que adagios buenos ya los hacia desde jovencito. Y bueno, quiero contribuir a la belleza mostrada en este post con otro adagio ultraterrenal, el del op.127. Éste:

    • José Luis dijo:

      Sepultado en la leña me has dejado 😀

      Criterio de simple aficionado, pero tampoco estoy yo muy de acuerdo con Trías. Sin mitomanías, no he oido nada del período medio de Beethoven que me sugiriera “vaciedad” o “enunciación ampulosa”. Da la sensación de que, por querer resaltar las enormidades del final, haya minusvalorado lo anterior. Como un hooligan cualquiera en pleno ardor… Lo que, al margen de los “encabritamientos” 🙂 podría quizás decirse es que eran menos atrevidos e innovadores, románticos pero aún respetuosos con el clasicismo. Pero bueno. Seguiremos disfrutando de todo.

  2. Josep Olivé dijo:

    Bueno, es que hasta el alba estaría hablando de esto. Hay tantos ejemplos maravillosos que muestran esa línea tan difusa que hay entre los adagios y los andantes de Beethoven, pero quiero mostrar uno que es para ir a la tumba con esta música!…(bueno, cuando toque, no fotem!)… En el absolutamente maravilloso trio Archiduke se tiene un andante, un andante que bueno, no se si es andante, con moto o sin moto, o es un adagio, o un larghetto, o un largo…me da igual…me da igual, solo hay que escuchar sus variaciones y te aseguro que en ningún momento uno se para a pensar en que tempo esta cada variación, de lo absolutamente pasmado que queda de tanta belleza. Podría citar también algunos ejemplos de adagios de sus sonatas para violín y piano, la op.96 o la op.24,…pero bueno, otro día…u otra noche. Nota: Por favor, los 12 minutos y pico largos deben apurarse. Hasta el último segundo. Ya me puedo ir a dormir.

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