Lo que hace el poeta

Bedrich Fritta, 1943 (Theresienstadt)

Lees la autobiogafía de Primo Levi, los capítulos de su estancia en Auschwitz. Por momentos no puedes más. Tienes que detenerte, que suspender la lectura, y buscar algún motivo de distracción. La locura del hombre, su disposición para cometer sin inmutarse las mayores atrocidades, no parece tener límites, y estas páginas, en que en pueblo entero es sistemática y gratuitamente exterminado por otro, lo demuestran. También su capacidad para resistir, para sobreponerse a los efectos de ese horror y alzar, sirviéndose de todo tipo de artimañas, un espacio de dignidad y reconocimiento que le  permita tirar adelante. Primo Levi habla de esas pausas en el trabajo, de esos instantes robados a los verdugos. Los prisioneros se reunían a escondidas y aprovechaban para hablar de sí mismos, de su pasado, de todo lo que habían perdido y no esperaban recuperar nunca. “Nos contábamos entonces, en aquel momento decisivo, cosas que entre los vivientes no se dicen.” Igual que hace el poeta.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Y en una hora propicia,
el Señor sea loado, la primavera ha vuelto.
La noche sopla el cuerno de oro
de la joven luna
y le enseña una nueva canción
en honor de la primavera, que este año
ha llegado tarde.

Y mira, como un camello, una madre lleva
la joroba de su carga a la espalda,
y detrás se rezagan cinco niños pequeños,
cada uno menor que el otro,
envueltos en harapos,
en trozos de zapatos
atados con hilos.

Pesadas bolsas de pan,
sacos de mendigos,
cuelgan de sus pechos.
Agotados, no pueden seguir caminando
y la madre gallina
extiende los brazos.

Deja al mayor para que se las arregle solo,
maldice al segundo,
empuja al tercero,
implora al cuarto,
al quinto lo toma en brazos.

Y pronto ella también debe parar, sin aliento,
como un pez que agoniza
con los ojos muy abiertos
y la boca abierta,
mientras la carga en su espalda
y el niño en su pecho
oscilan en la balanza del Destino,
empujados por pesos materiales,
hacia arriba y hacia abajo,
hacia delante y detrás.

Arriba y abajo.
Delante y detrás.
Y en una hora propicia,
el milagro de la resurrección vuelve a suceder,
y la primavera está aquí de nuevo.

Pero en nuestro gueto
a nadie le importa el hambre de pan,
que grita desde cada miembro humano
y nadie teme a la Muerte
que llama con familiaridad a todas las puertas,
sin saltarse una sola casa.

Pero como corderos abandonados y temblorosos
vacilamos y nos agitamos
asustados del malvado decreto:
el exilio en lo desconocido.
Temblamos y nos agitamos
con miedo a la escritura secreta de Belsasar:
vivir o morir.

Una anciana ve el coche fúnebre que pasa
y destellos de envidia iluminan sus ojos:
“Afortunada criatura, que has vivido ese momento.”
Un hombre dice sin bajar la cabeza:
“Un modo u otro: no cambia nada.”
Una joven novia escupe tres veces.
“Ojalá el Ángel de la Muerte
se convierta en mi novio por fin.”
E incluso el niño que se arrastra en el camino del exilio
levanta el rostro manchado de lágrimas y tartamudea:
“Oh, madre querida, no tengo fuerzas,
por favor, méteme en el vagón negro.”

Primavera de 1942
Simkha-Bunim Shayevitch (Lenczyce, 1907- Dachau, 1945)

Mientras, en Theresienstadt, como en guetos menos camuflados, trataban de sobreponerse a los efectos de ese horror y tirar adelante con la ayuda de la música: Todo vale, con buen ánimo uniremos nuestras manos y en las ruinas del gueto nos reiremos.

Hey, la vida empieza mañana
y ya se acerca el momento
de empaquetar nuestras cosas
y volver a casa.

Todo vale, con buen ánimo,
uniremos nuestras manos
y en las ruinas del gueto
nos reiremos.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Lo que hace el poeta

  1. Josep Olivé dijo:

    Estremecedor.

    • José Luis dijo:

      Es curioso, pero tengo la sensación de que, con lo que está pasando ahora, esto ya ha quedado muy atrás, como si ahora “no procediera” darle vueltas. Y sin embargo, ya se está repitiendo mucho la historia como para estar seguros de que no se volverá a vivir algo similar.

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