L’ho perduta? ®

Inicio del cuarto acto de Las Bodas de Fígaro. Barbarina ha perdido el comprometedor broche que debía entregar a Susana de parte del conde. “Lo he perdido… ¡pobre de mí!… ¡Ah, quién sabe dónde estará! No lo encuentro…Y mi prima, y el amo… ¿que dirán?” Las palabras de da Ponte podrían llevar a una escena agitada, quizás burlona, con la pobre chica buscando desesperadamente de aquí para allá, pero Mozart opta por expresar muy dramáticamente su tristeza y su temor. Y lo hace con una cavatina que, en su humildad, es uno de los momentos más sublimes de una ópera sin desperdicio.


Tenemos, para empezar, la sorprendente elección del Fa menor como tonalidad de la pieza, excepcional tanto en Las Bodas como en todo el catalogo mozartiano. Una melancólica intimidad reforzada por la discreción de la orquesta, reducida a las cuerdas, su apoyo sumiso dialogando con el canto de Barbarina.

El curso de la “Cavatina” es el de una nana, una canción de cuna: Una cuna para confortar (6/8), con una sencilla y celestial melodía que se mantiene en una sola octava, exactamente como debe ser una canción para consolar a un niño. Todas las entradas “en alto” hablan de la ansiedad de Barbarina, de su angustia por lo infructuoso de la búsqueda; y así son sus frases , prácticamente siempre cortas e interrumpidas por pausas.

Deliciosa es la elección de acabar la pieza en la tonalidad dominante, Do mayor: La falta de resolución es el reflejo de la imposibilidad de encontrar el broche.

Carlo Boschi. Le muse.

Podría decirse que Mozart despilfarra su genio con una miniatura que otros estirarían hasta extraer su última gota y que él, con una largueza propia de los que no temen agotar sus recursos, consume en un par de minutos escasos, rodeados de otras muchas maravillas. Podría decirse, si no fuera que:

1. En realidad es lo contrario, es cocina de aprovechamiento. Basta escuchar unos segundos del delicioso andante de su Concierto para piano Nº 18

2. Despilfarro es un “gasto excesivo y superfluo”. Y ni una cosa ni la otra.

3. Tampoco valdría derrochar, ni dilapidar, ni desperdiciar, verbos todos con un significado negativo, como lo es malgastar; incluso desaprovechar, es decir, “no obtener el máximo rendimiento de algo”, tiene esa connotación negativa y resulta inadecuado cuando el rendimiento obtenido es ya inmenso. Pero es que, en realidad, es así como esta joya luce más plenamente, en su misma pequeñez, en esa fugacidad inscrita en un arte de por sí efímero y en buena parte por eso particularmente valioso.

L'ho perduta... me meschina...
ah, chi sa dove sarà?
Non la trovo... E mia cugina...
e il padron ... cosa dirà?
Lo he perdido... ¡pobre de mí!...
¡Ah, quién sabe dónde estará!
No lo encuentro...Y mi prima, 
y el amo... ¿que dirán?

Nada, nadie dirá nada porque no has perdido nada, Barbarina.

 

® Hace diez años: Genios despilfarradores

 

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a L’ho perduta? ®

  1. Josep Olivé dijo:

    Un ejemplo del inmenso contenido de una miniatura. Contenido no solo musical sino tetaral y sicológico. En el libro de Pere-Albert Balcells dedicado a la disección casi molecular de las Bodas de Figaro de Mozart a esta cavatina le dedica nada menos que cuatro páginas en razón de la enorme complejidad sicológica del personaje de Barbarina. Cómo es posible que Barbarina se muestre espabilada y decidida en acciones como la de esconder a Cherubino (al que quiere y desea) debajo de los manteles a la llegada del conde, o como la de jugar, vacilar y hasta chantajear al mismísimo conde delante de la condesa para forzarlo a aceptar su compromiso con Cherubino so pena de airear sus dudosos comportamientos para con ella y en cambio se muestre temerosa, poco decidida, desconsolada y tímida ante la pérdida de una aguja que fácilmente podría substituir por otra (cualquier mujer lo haría) o poner cualquier excusa por inverosímil que fuera? En esa miniatura esta encerrada todo: música, letra, teatro, sicología. La obra de arte total ya se inventó mucho antes de Wagner. Y es que las óperas de Mozart/Da Ponte eran auténticas joyas de puro teatro.

    • José Luis dijo:

      Sí, esos son cosas que valoras más con el paso del tiempo, cuando tienes mas elementos de comparación para apreciar su importancia. Pero la música, a la primera, sin referencias ni análisis, ya te tumba.

      • Josep Olivé dijo:

        Si, si, sin duda pero la música es la que es debido a la genialidad de Mozart en mostrar, a través de ella, la duda, la vacilación, el temor, el desconsuelo de Barbarina. Dicho de otra forma: esta música no existiría si Barbarina no hubiera perdido la aguja y no hubiera actuado sicológicamente de manera contradictoria con su forma de ser. Cada nota de Mozart explica la carga sicológica de lo que vemos en escena.

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