¿Qué enfada a Celibidache?

Momentos finales del Adagio del Concierto en Sol de Ravel. Arturo Benedetti Michelangeli sigue flotando en su éter particular cuando, la flauta primero y el oboe luego, vuelven a la melodía y el exigentísimo Celibidache, ya feliz por estar trabajando con otro perfeccionista como él,  no puede ocultar también su satisfacción al escuchar al corno inglés tomando el relevo en el trío de vientos-madera de la LSO, en ese sutil y bellísimo cambio de sonoridades. Entonces se oye una tos. Casi inmediatamente, Celibidache gira como un rayo la cabeza a su derecha y, entre airado e incrédulo, mira fijamente a alguien, y le vuelve a mirar cuando parecía que lo dejaba, como si el objeto de su ira persistiera o le plantara cara, y acaba dedicándole unas inaudibles y seguramente irreproducibles palabras. El enfado, que todavía le dura un poco, desparecerá de su rostro al dirigirse y participar de nuevo del éxtasis del pianista, cuando relaja la frente, baja las cejas y llega a esbozar una sonrisa. Pero ¿qué le enfadó esa vez?

Tres hipótesis:

1.- La tos.

No cuadra mucho. Primero, porque a lo largo del concierto se escuchan otras mucho más ostentóreas (pocas ocasiones mejores para usar el palabro), mucho más inoportunas y fatales que esta. Segundo, porque hay un retardo de casi un segundo entre la tos y una reacción que debiera ser instantánea. Y tercero, Celibidache se vuelve a su derecha, no hacia su espalda, aunque este es un argumento realmente débil, porque el tosedor asesino (y suicida si supiera con quien se las gasta) se podía hallar en el lateral derecho del escenario.

2.- Error de instrumento

Un comentarista de youtube asegura que no hay relevo, y que es el oboe y no el corno inglés el que sigue con la melodía. Y que Celibidache tarda siete segundos en darse cuenta y montarle el pollo, lo cual ya es destrozar la hipótesis desde el planteamiento. Pero en las imágenes vemos a ambos, junto al flautista, lo cual descarta que el corno hiciese pella. E incluso se le ve con los dedos preparados, justo antes de que cambie el plano. ¿Le hizo el oboe playback porque no se la sabía? No hay nada imposible. Pero lo que suena se parece del todo a un corno inglés. Y aún hay otra razón de peso en contra de esta peregrina idea, como se verá ahora.

3.- Desobediencia

Celibidache  alza la mano para que el corno baje el volumen. El señor no le está mirando o no le da la gana (eso último casi imposible salvo que se tratase de un amante de los deportes de riesgo) y se gana la bronca: “¡Esto no es un concierto para corno y orquesta!”   Y la verdad es que podría ser una intervención algo intrusiva. Obsérvese en esta otra interpretación (en la que, por cierto, pasan directamente de la flauta al corno, sin oboe, que igual ese sí hizo novillos):

Peeero… Los lectores más atentos y perspicaces, habrán notado y anotado que para defender esta última hipótesis, Celibidache tenía que haber estado dirigiendo totalmente vuelto hacia a la izquierda, a fín de que, al girar la cabeza 90 grados, quedase mirando al centro de la orquesta, donde se hallan los vientos de madera. Algo vuelto estaba, pero no tanto. Y la orden de contenerse, la da al frente, hacia ellos, de modo que ésta hipotesis no vale y la anterior recibe otra estocada: La bronca, definitivamente, no es para el corno.

¿Entonces? Pues debió ser la tos. El retraso en la respuesta puede justificarse por la concentración del maestro. Y como el asesino tenía que hallarse en el lateral del escenario, puede que su letal instrumento quedase más alejado de los micrófonos que el de otros más centrados que en la grabación molestan bastante más sin que el director se inmute.

Las crónicas no recogen ninguna muerte aparentemente accidental esa noche; de buena se libró el tosedor. Lo que queda por resolver es lo que le decía Celibidache:  ¿Să tuse acasă? ¿Nesimțit…? ¿¡¡#@x¡!!X#?

Y sin embargo, por respeto o por indiferencia, no parece propio de ningún director dirigirse así al público. Por el contrario, esa bronca tiene toda la pinta de dirigirse a un díscolo súbdito. Pero ¿a quién y por qué?

Así estábamos cuando Josep Olivé vino al rescate con un comentario rotundo:

Respecto a las malas pulgas de la béstia: no, ya te aseguro yo que no son las toses. Celedibache seguro que ni las oía de lo concentrado que está; es debido a que la sección de cuerdas de su derecha no está ejecutando lo que él entiende por pianísimo. Parece extraño pero ya te digo que las toses ni se entera, en cambio como alguien de la orquesta no ejecute una nota en el pianísimo que él quiere, hace ese característico gesto con la mano, como reclamando casi que se calle. Y como se persista en el error es capaz de parar a la orquesta por muy peripuestos que sean sus profesores. En cada una de sus ejecuciones puede percibirse claramente ese gesto con la mano al menos en un par de veces, con la que quiere aplacar lo que el considera un furor desmedido, furor que nosotros, pobres mortales, somos del todo incapaces de percibir. Y con su compositor fetiche y sus adagios, los músicos acoj…

Así pues, la hipótesis más factible es la que no se había planteado:

4.- Error y desobediencia entre las cuerdas de la derecha (quizás un viola, que ya se sabe…)

Pero no sería un exceso de volumen. La petición de silencio se dirige al frente, pidiendo contención al corno, y en el youtube no se escucha nada extraño ni muy fuerte… lo cual, efectivamente, no quiere decir que no se oyera algo que provocase la cólera del genio. Igual un contrabajo inconsciente se había puesto a explicar el último chiste de violas.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a ¿Qué enfada a Celibidache?

  1. Josep Olivé dijo:

    Este post da para un estupendo guion. Si lo lee Alejandro Amenábar, al que le va la música y el suspense, te monta una escena de película (nunca mejor dicho!).

  2. José Luis dijo:

    La pena es no poder tener el plano completo, con la cara del destinatario de la bronca. Por ahípodría ir la peli: La venganza del abroncado.

    Yo me he estado acordando de El tosedor de conciertos de Enrique.

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