El ladrón de hachas

Un hombre no encontraba su hacha. Sospechó del hijo de su vecino y se puso a observarle. Su porte era típicamente el de un ladrón de hachas. Su rostro era el de un ladrón de hachas. Las palabras que pronunciaba no podían ser más que palabras de un ladrón de hachas. Todas sus actitudes y comportamientos revelaban al hombre que ha robado un hacha. Pero inesperadamente, cuando removía la tierra, el hombre encontró de pronto su hacha. Cuando al día siguiente volvió a mirar de nuevo al hijo de su vecino, éste no presentaba nada, ni en el porte ni en el comportamiento, que evocase a un ladrón de hachas.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a El ladrón de hachas

  1. Josep Olivé dijo:

    Una magnífica ilustración de lo que es todo un prejuicio.

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