El truquillo de los lentos de Brahms

Los movimientos lentos de los tres conciertos para instrumento solista de Brahms, el  de violín y los dos para piano, comparten, además de su belleza, una propiedad relativamente curiosa que quizás fuera intencionada: Los tres se inician dando protagonismo a un instrumento distinto del titular.

Así sucede, aunque aquí de modo discreto, en el Adagio del Concierto para piano nº 1, con casi dos minutos de introducción orquestal liderada por el fagot y en la que aparece un oboe que, por un momento, se postula como solista principal.

Más llamativo resulta ya en el Adagio de su Concierto para violín, con la larga y maravillosa melodía que el oboe repite antes de cedérsela al solista, algo que molestó a Sarasate, quien se negó a interpretar ese concierto porque no le apetecía “estar de pie en el podio, con el violín en la mano, para escuchar cómo el oboe toca la única melodía de toda la obra.”

Pero el caso más extremo es el del Andante de su Concierto para piano nº 2, en el que Brahms, que parecía estar satisfecho con la fórmula, concede los primeros tres minutos a un cello en primerísimo plano, en una de las introducciones más bonitas de la historia y uno de los mejores pasajes orquestales para ese instrumento

…que, por su intensidad y belleza y por el papel que desempeña, evoca al que precede el tremendo Ella giammai m’amò del Don Carlo de Verdi, que viene a ser también un lento (y que nos sirve aquí para recordar al recientemente fallecido James Levine)(y para disfrutar del gran Ghiaurov)

…y, cambiando de instrumento, a otro de los preámbulos en los que destaca uno de estos solistas inesperados, el del onírico corno inglés del pastor en la primera escena del Tercer Acto de Tristán e Isolda [3:35], que, tal como el fagot, el oboe y el cello nos hacían dudar antes sobre el titular del concierto, puede aquí hacernos pensar si no nos habremos equivocado de ópera.

…de todo lo cual se deduciría que preludiar una pieza lenta con el contraste de un instrumento  distinto al solista, como hizo Brahms en sus conciertos, es un recurso muy eficaz. Sobre todo si se es capaz de escribir para ellos cosas tan preciosas como esas.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Opera, Romanticismo y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El truquillo de los lentos de Brahms

  1. Josep Olivé dijo:

    Ejemplos sensacionales de como el compositor no quiere que la orquesta y sus solistas sean meros comparsas o bonitos floreros que acompañen al protagonista.

    PD: Garrick Ohlsson, un pianista extraordinario. Me encanta que lo hayas sacado en esta casa.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s