El muchacho caballo

Se estira sobre el mostrador tratando de llamar la atención de la camarera. A su lado hay dos chicas que siguen embelesadas sus movimientos. Es un chico muy guapo, cuyo largo cuello, abultadas facciones y movimientos vigorosos y dulces, hacen pensar en los caballos. No parece consciente de su belleza, y se le ve intimidado por la presencia de las muchachas, que cuchichean y ríen. Paga con torpeza, pues le cuesta llevar a cabo los gestos más elementales, hablar, retirar las manos del mostrador, moverse sin tropezar en el exiguo espacio, y se vuelve con una expresión de urgencia en el fondo de sus ojos anegados de luz. Añora su vida en el prado, el lenguaje simple de los relinchos, la posibilidad alegre del galope junto a los que son como él.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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